Con 5,35 metros de largo y motor V8, aunque también con un V6 híbrido, llega el Rolls-Royce de Bestune
Aunque normalmente aciertan de lleno en aspectos críticos y fundamentales para tener un buen desempeño comercial en España y el resto de Europa, los fabricantes de automóviles chinos no siempre atinan cuando se trata de posicionar sus coches en nuestro mercado y este puede ser uno de los casos más claros, ya que cuando el objetivo gira en torno al lujo, la exclusividad y la personalidad, las prioridades de quienes compran son muy distintas del grueso del mercado. Y es que no es lo mismo lanzar un BYD Atto 2 DM-i, un pequeño SUV híbrido enchufable con una encomiable relación entre tecnología y precio que ataca a una parte del mercado que da prioridad total al precio, que hacer lo mismo en el segmento de lujo, donde marcas como Maybach, Bentley o Rolls-Royce viven ajenas a la situación del coche chino en Europa y que, a buen seguro, apenas verán riesgo en la llegada de un coche como el Hongqi Guoya. No se trata, realmente, de un coche chino más, sino del buque insignia del fabricante chino más longevo de la industria, ya que Hongqi pertenece al grupo chino FAW, cuya fundación data de 1957. De hecho, las siglas de su denominación responden al nombre de First Automobile Works. En España ya está presente a través de marcas como Bestune y la propia Hongqi llegará en breve con un catálogo de varios modelos entre los que, de momento, no figura el Guoya. De hecho, el Hongqi Guoya ha sido lanzado únicamente en el mercado del mejor amigo de China, el ruso, que se está convirtiendo en muchos casos en la vía de salida alternativa a Europa para los fabricantes chinos. De hecho, su comercialización en Rusia tiene un gran sentido tanto para uno como para otro, pues son muchos los fabricantes que han dejado de actuar allí por la tensión bélica y se trata de una manera de satisfacer una demanda que sigue pidiendo coches de alta gama y lujo en Rusia, donde con sus 5,35 metros de largo y nada menos que 3,2 metros de batalla, quiere ocupar el hueco de Maybach o Rolls-Royce. La gama en Rusia queda articulada en torno a dos versiones. Por un lado se encuentra el Hongqi Guoya Elegance V6, cuyo precio arranca en 27,7 millones de rublos, equivalentes a unos 248.000 euros. Por encima aparece el Guoya Imperial V8, disponible desde 31,7 millones de rublos, aproximadamente 382.000 dólares. Son cifras especialmente llamativas, que nada tienen que ver con las que solemos asociar a los coches chinos. También son muy superiores al propio precio del Guoya en China, donde parte de unos 1,4 millones de yuanes, alrededor de 177.000 euros, aunque es habitual que el precio se eleve de manera exponencial una vez sale de sus fronteras. Bajo el capó también encontramos una propuesta poco habitual en los tiempos que corren. La versión Elegance recurre a una mecánica híbrida compuesta por un motor V6 turbo de 3.0 litros que desarrolla una potencia combinada de 380 CV y 570 Nm de par máximo. Toda la fuerza se gestiona mediante una caja automática de ocho velocidades y un sistema de tracción integral que, por cierto, es común a toda la gama. La tapa del motor tiene una clara"inspiración" Rolls-Royce. Por encima se sitúa el Imperial V8, que, gracias a un sistema híbrido asociado a un motor V8 turbo de 4.0 litros, alcanza una potencia conjunta de 476 CV y un par máximo de 680 Nm. Gracias a ello puede acelerar de 0 a 100 km/h en apenas 4,5 segundos, una cifra más propia de berlinas deportivas que de un modelo concebido para que sus ocupantes disfruten del viaje desde las plazas traseras. Tecnológicamente tampoco se queda atrás. Entre los elementos más destacados figuran un sistema de sonido de 32 altavoces, techo solar y una presentación interior claramente orientada al lujo. Todo ello acompañado por un nivel de aislamiento y refinamiento que pretende situarlo como una alternativa a las grandes referencias del segmento. No obstante, el que escribe estas líneas no puede evitar ver cierto diseño chino rancio, de generaciones pasadas, en el Guoya, algo que parece haber aflorado al intentar buscar esa exclusividad. No me cabe duda de que la calidad estará muy por encima de lo que soy capaz de imaginar o atribuirle de manera adelantada, pero hay algunos elementos, fácilmente identificables al contemplar las imágenes, que chirrían a la vista. Es en su habitáculo, precisamente, donde mejor se aprecia ese rancio diseño chino que señalo. Honestamente, acabando, no creo que un coche así pueda tener mucho recorrido comercial en Europa. Al hecho de que este segmento ya tiene una presencia comercial testimonial en Europa hay que añadir que quien busca una berlina de representación quiere algo más que tecnología y lujo: quiere personalidad y transmitir una imagen afín a su forma de ser, y ahí estas nuevas marcas tienen muy poco que hacer frente a Bentley, Rolls-Royce y Maybach, e incluso frente a otras situadas un escalón por debajo de estas, como Maserati o Porsche.
Aunque normalmente aciertan de lleno en aspectos críticos y fundamentales para tener un buen desempeño comercial en España y el resto de Europa, los fabricantes de automóviles chinos no siempre atinan cuando se trata de posicionar sus coches en nuestro mercado y este puede ser uno de los casos más claros, ya que cuando el objetivo gira en torno al lujo, la exclusividad y la personalidad, las prioridades de quienes compran son muy distintas del grueso del mercado. Y es que no es lo mismo lanzar un BYD Atto 2 DM-i, un pequeño SUV híbrido enchufable con una encomiable relación entre tecnología y precio que ataca a una parte del mercado que da prioridad total al precio, que hacer lo mismo en el segmento de lujo, donde marcas como Maybach, Bentley o Rolls-Royce viven ajenas a la situación del coche chino en Europa y que, a buen seguro, apenas verán riesgo en la llegada de un coche como el Hongqi Guoya. No se trata, realmente, de un coche chino más, sino del buque insignia del fabricante chino más longevo de la industria, ya que Hongqi pertenece al grupo chino FAW, cuya fundación data de 1957. De hecho, las siglas de su denominación responden al nombre de First Automobile Works. En España ya está presente a través de marcas como Bestune y la propia Hongqi llegará en breve con un catálogo de varios modelos entre los que, de momento, no figura el Guoya. De hecho, el Hongqi Guoya ha sido lanzado únicamente en el mercado del mejor amigo de China, el ruso, que se está convirtiendo en muchos casos en la vía de salida alternativa a Europa para los fabricantes chinos. De hecho, su comercialización en Rusia tiene un gran sentido tanto para uno como para otro, pues son muchos los fabricantes que han dejado de actuar allí por la tensión bélica y se trata de una manera de satisfacer una demanda que sigue pidiendo coches de alta gama y lujo en Rusia, donde con sus 5,35 metros de largo y nada menos que 3,2 metros de batalla, quiere ocupar el hueco de Maybach o Rolls-Royce. La gama en Rusia queda articulada en torno a dos versiones. Por un lado se encuentra el Hongqi Guoya Elegance V6, cuyo precio arranca en 27,7 millones de rublos, equivalentes a unos 248.000 euros. Por encima aparece el Guoya Imperial V8, disponible desde 31,7 millones de rublos, aproximadamente 382.000 dólares. Son cifras especialmente llamativas, que nada tienen que ver con las que solemos asociar a los coches chinos. También son muy superiores al propio precio del Guoya en China, donde parte de unos 1,4 millones de yuanes, alrededor de 177.000 euros, aunque es habitual que el precio se eleve de manera exponencial una vez sale de sus fronteras. Bajo el capó también encontramos una propuesta poco habitual en los tiempos que corren. La versión Elegance recurre a una mecánica híbrida compuesta por un motor V6 turbo de 3.0 litros que desarrolla una potencia combinada de 380 CV y 570 Nm de par máximo. Toda la fuerza se gestiona mediante una caja automática de ocho velocidades y un sistema de tracción integral que, por cierto, es común a toda la gama. La tapa del motor tiene una clara"inspiración" Rolls-Royce. Por encima se sitúa el Imperial V8, que, gracias a un sistema híbrido asociado a un motor V8 turbo de 4.0 litros, alcanza una potencia conjunta de 476 CV y un par máximo de 680 Nm. Gracias a ello puede acelerar de 0 a 100 km/h en apenas 4,5 segundos, una cifra más propia de berlinas deportivas que de un modelo concebido para que sus ocupantes disfruten del viaje desde las plazas traseras. Tecnológicamente tampoco se queda atrás. Entre los elementos más destacados figuran un sistema de sonido de 32 altavoces, techo solar y una presentación interior claramente orientada al lujo. Todo ello acompañado por un nivel de aislamiento y refinamiento que pretende situarlo como una alternativa a las grandes referencias del segmento. No obstante, el que escribe estas líneas no puede evitar ver cierto diseño chino rancio, de generaciones pasadas, en el Guoya, algo que parece haber aflorado al intentar buscar esa exclusividad. No me cabe duda de que la calidad estará muy por encima de lo que soy capaz de imaginar o atribuirle de manera adelantada, pero hay algunos elementos, fácilmente identificables al contemplar las imágenes, que chirrían a la vista. Es en su habitáculo, precisamente, donde mejor se aprecia ese rancio diseño chino que señalo. Honestamente, acabando, no creo que un coche así pueda tener mucho recorrido comercial en Europa. Al hecho de que este segmento ya tiene una presencia comercial testimonial en Europa hay que añadir que quien busca una berlina de representación quiere algo más que tecnología y lujo: quiere personalidad y transmitir una imagen afín a su forma de ser, y ahí estas nuevas marcas tienen muy poco que hacer frente a Bentley, Rolls-Royce y Maybach, e incluso frente a otras situadas un escalón por debajo de estas, como Maserati o Porsche.
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