Ficciones Parlamentarias

El recuento de anomalías, desplantes, estupidez y 'antiguo régimen' acumulado en esta semana marca récord, con el PSOE semienterrado ya en Andalucía

Florentino Pérez, en su rueda de prensa de este martes.AP

Actualizado Jueves, 14 mayo 2026 - 15:15

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En el fervor de San Isidro, la semana política de España es un disparate en rama. Y la que no es política, también. El recuento de anomalías, desplantes, estupidez y antiguo régimen marca récord. En el antiguo régimen el premio a Toda una Vida es para Florentino Pérez, que tiene el vestuario del Real Madrid convertido en un reformatorio y salió a decirle a la gente (prensa y no prensa) que nada de ir por ahí haciendo periodismo o denunciando la degeneración de su equipo. No le calcularon bien a este hombre el derrape y se estrelló contra el burladero. Los periódicos, al día siguiente de la borrachera recordaban en el tono a cuando se abren las compuertas del pantano a rebosar. Más o menos, como cuando aquel Juan Carlos de Borbón regresó de matar elefantes y la veda se volvió contra él. En la escena de Florentino descargando la batería en todas direcciones, desguazándose en directo, uno adivina la caída de un estilo español de oligarquía, una vía de agua en el caciquismo. Hablar así, a lo Pérez, es feo. Hablar así no gusta. Hablar así recuerda a cuando entonces. No sé si me explico. Da igual que gane o pierda las elecciones convocadas: ha dejado de ser intocable y de algún modo queda a merced de la resaca de su propio circo. Esto no lo remonta ni el advenimiento sobado de Mourinho, el profesional que mejor gana perdiendo sucesivamente: "Maldito parné/ que por su culpita dejaste al gitano que fue tu querer" (Marifé de Triana).

El desmelene de la semana de cachiporra empezó con Isabel Díaz Ayuso fracasando en su cátedra mexicana sobre Hernán Cortés. La lisensiada fue a baldear ideas sobre la Conquista de México y una buena cantidad de nativos la animó a anticipar la vuelta porque (mayormente) le descubrieron el truco. Para enredar con la política española no es necesario salir de España. Alguien debió explicarle que el tiempo y los ríos nunca corren hacia atrás. Después de desplegar su industria esotérica y un fallido intercambio de pasados sobre la confección de México reprendió al Gobierno por dejarla allá desprotegida, como si fuese una misionera redentorista. Todo consistía en vender la expedición como un tiro al pichón contra Pedro Sánchez. Una mayoría absoluta avala a esta mujer. Madrid se hace también de estas rarezas.

Otro principio del fin se ensayó en Baeza (Jaén) desde el momento en que Fernando Grande-Marlaska pasaba revista en la jura de bandera de la 131ª promoción de la Academia de Cabos y Guardias. Unos 10 segundos de abucheos por el papelón del Gobierno ante la muerte de los dos agentes impactados por una narcolancha en Huelva. María Jesús Montero, desde la misma Andalucía a la que pide el voto, rebajó el desastre a la categoría de "accidente laboral" (que lo es, pero a la vez es algo más) y dejó un marronazo para su final de campaña, catastrófica campaña. Esos abucheos son también el anticipo de algo que se agota: una confianza, una simpatía, un desengaño como paso previo a un último adiós... Lo de Montero es un arrojarse por el barranco. El Gobierno tampoco encontró ministro o ministra para enviar al funeral y eso ya es de Expediente X. El PSOE se hace también de estas desidias.

Sin actividad con público en el Congreso y el Senado, la gran ficción parlamentaria de la semana estuvo repartida entre unos y otras. Lo más elegante es el muerdo de Marc Giró a Rufián Superstar en su Cara al Show aliviando el campeonato reseñado de miserias. La gran tala de la arboleda orgánica del socialismo español se espera en un domingo sin ánimo ni esperanza cristiana. Lo del PSOE y Andalucía hace tiempo que es el fin de un mal viaje de novios y ahora les muestran los dientes.

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