¿Cómo ye, ho?
Dragon's Dogma II: Dark Arisen es muy rico en contenido, tanto por lo que ofrece en su trama principal como por las opciones secundarias que aguarda en sus 20-25 horas de aventura.
Una Capcom en su prime vuelve con una expansión para uno de sus mejores juegos de los últimos años. Dragon’s Dogma 2: Dark Arisen llega para ampliar el contenido de una aventura que ya era completa y extensa de por sí, con el fin de ofrecer aún más opciones para explorar infinidad de terrenos acompañados de los leales peones, compañeros controlados por la IA que habrá que saber escoger según cada situación para encontrar el ideal para las múltiples variantes que ofrece la experiencia.
Lo primero que hay que decir es que en este texto vamos a centrarnos en lo que ofrece Dark Arisen; si queréis conocer las particularidades de Dragon’s Dogma 2 os instamos a visitar el análisis que publicamos en su día. También es importante recalcar que es necesario tener el juego base (hay disponible un pack con juego más expansión) para acceder a este contenido, que se desbloquea en las primeras horas de juego. Eso sí, se recomienda como mínimo tener a los personajes con nivel 40 para adentrarnos de lleno en este nuevo viaje, por lo que es recomendable tener una experiencia considerablemente avanzada o comenzar una Nueva Partida + para ello.
La expansión Dark Arisen nos lleva a explorar la región de Norgan, situada al norte del mapa, donde se rumorea la presencia de un nuevo Arisen y además se han registrado unos temblores en la tierra que tienen en jaque a la población de la zona. Por ello, una de las principales variaciones con respecto al contenido original es, precisamente, el escenario; toca ahora visitar una región mayoritariamente repleta de montañas nevadas, llevando a que el frío sea un protagonista omnipresente en toda la aventura y que, por ende, tenga incidencia en la jugabilidad en todo momento. En primer lugar, a la hora de combatir, ya que se amplía la interactividad con el entorno, pudiendo usar a nuestro favor carámbanos de hielo para empujar ahí a los enemigos o romper estructuras heladas para hacer que caiga nieve sobre ellos, consiguiendo así una importante ventaja. El segundo factor en el que el frío está presente es, claro, en la exploración por un mapeado considerablemente grande, con zonas en las que la congelación hace acto de presencia, volviendo inaccesible el mini-mapa por momentos y también mermando la energía de nuestro protagonista.
Obviamente, hay un montón de contenido al que podemos acceder, ya que la exploración es progresiva, con ciertas partes del escenario que se irán desbloqueando a medida que avancemos, y zonas verticales a las que podremos acceder si tenemos un gancho que amarrar dependiendo de, por supuesto, inclemencias climatológicas relacionadas con la nieve. Nada más comenzar la expansión tendremos un duro recibimiento con el que acabaremos en el asentamiento norgandino, donde los lugareños (que, por cierto, hablan en bable en la versión española) nos irán dando pie a nuevas misiones y contenido, ya que los peligros que hay en el exterior son considerables, principalmente por la existencia de una serie de tribus de bárbaros que pululan por la zona, acompañados de temibles lobos huargos. Por supuesto, también tocará hacer frente a enemigos gigantescos en los que, por supuesto, no faltan batallas con dragones que cuentan con numerosas barras de vida, y que nos harán sudar para derrotarlos, usando para ello y a grandes rasgos las nociones básicas que parten de la propuesta original.
En esta ocasión, y para darle un nuevo enfoque al progreso y la exploración, se incorporan un par de novedades interesantes que tienen que ver con las armas, objetos y materiales únicos de la región de Norgan. A medida que vayamos acabando con enemigos iremos obteniendo distintas reliquias que habrá que tasar en el citado asentamiento para obtener nuevo y poderoso equipamiento, imprescindible para poder hacer frente a los imponentes rivales que nos iremos encontrando en nuestro camino, y para los que no os bastará con el mejor equipo del juego base. También tendremos un nuevo herrero con el que podremos manufacturar distintos objetos, intercambiándolos por los materiales que nos pida, para conseguir ayuda vital a la hora de equipar tanto al protagonista como a los peones, si lo consideramos necesario. Por tanto, la exploración resulta clave para encontrar también cuevas que nos permitan hacernos con suculento botín que ejerza de moneda de cambio a la hora de ampliar nuestro arsenal, ya que de lo contrario seremos presa fácil.
Recomendable también es hacer, en la medida de lo posible, algunas de las misiones secundarias que nos irán surgiendo de forma natural a medida que hablamos con los lugareños o avanzamos en una experiencia que vuelve a ser rica en cuanto a variedad de posibilidades. La expansión lanza ideas interesantes en forma de una suerte de acertijos que un personaje en concreto plantea en un momento dado, presentando distintas pistas que nos hacen pensar en qué zona de la amplia región podría estar la solución. Dark Arisen es muy rico en contenido, tanto por lo que ofrece en su trama principal como por las opciones secundarias que aguarda, incluyendo desafíos de mazmorras que llevan a que la aventura oscile entre las veinte y las veinticinco horas, prácticamente la mitad de lo que duraba Dragon’s Dogma 2. Nada mal al tratarse de una expansión, la verdad.
La conclusión más clara que se puede tener de Dragon’s Dogma 2: Dark Arisen es que si no te convenció la experiencia original aquí no hay nada demasiado diferente que te pueda hacer cambiar de opinión. Pero si disfrutaste con el juego base y quieres incrementar las horas de juego en este interesante mundo creado por Capcom, con Dark Arisen volverás a disfrutar en un viaje donde lo épico se abraza, en este caso, con un frío que ofrece cierta calidez.
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