Ni tiene cilindros, ni necesita gasolina para funcionar, pero es sin duda uno de los mejores deportivos que he conducido
Qué define realmente a un coche deportivo. Esa es la pregunta que resonará en tu cabeza si pruebas el que posiblemente sea el deportivo más disruptivo que yo he conducido en mucho tiempo, un coche que rompe con todo lo establecido para demostrar que hay vida más allá de los motores gasolina y el sonido de un escape. Y sí, tu lado más petrolhead puede que jamás consiga entenderlo, pero es posible divertirse conduciendo un eléctrico y lo acabo de comprobar por mí mismo. Es innegable que un coche eléctrico no tiene rival a la hora de hablar de cifras. La propulsión eléctrica es capaz de ofrecer números descomunales de potencia, par motor y aceleración, haciéndolo además a un coste relativamente bajo. Pero no es lo mismo hablar de prestaciones que de sensaciones, motivo por el cual algunos de los coches eléctricos más rápidos y potentes del mundo también han demostrado ser coches aburridos. Y sí, hay excepciones como el Porsche Taycan o el Rimac Nevera que han sabido mostrar que un eléctrico puede ser un excepcional deportivo. Pero ha sido Hyundai la que realmente ha cambiado las reglas del juego a través de su férrea apuesta por la electrificación de la división N, dando vida a un Hyundai Ioniq 6 N que, tras poder probarlo a fondo, he podido constatar que es un coche que no tiene rival en el mercado y del que el resto de marcas deberían tomar nota… cosa que ya sabemos que están haciendo algunas como es el caso de Porsche. Al volante de esta berlina es imposible negar que estamos ante un coche grande, mide 4,94 metros de longitud, y pesado, alcanza las 2,2 toneladas, pero el nivel de sensaciones y agilidad que es capaz de transmitir el Ioniq 6 N está al nivel de los mejores deportivos del momento. Es un coche de chasis excepcional, con una puesta a punto y puesto de conducción claramente definidos por gente a la que le gusta conducir y que, en sus modos de conducción más deportivos, regala una experiencia de uso que no encuentras en ningún otro eléctrico. Ah, y además pone a tu disposición 650 CV y 770 Nm entregados a través de ambos ejes. Casi nada. La personalización de esta experiencia es otro de sus claros puntos fuertes, pues es posible modificar casi que cualquier parámetro del tren de propulsión para adaptar su respuesta, retención, entrega, agarre, etc. añadiendo un sistema de emulación de sonido, transmisión y funcionamiento del motor, que te permite conducir este coche como si bajo su capó delantero llevase un motor V8. Sí, no hay nada real en esa experiencia que inunda todos tus sentidos, pero la sensación al volante es más que satisfactoria y te permite además alcanzar un nivel de disfrute que, si no supieses que estás llevando un eléctrico, creerías perfectamente que conduces un deportivo de gasolina. El freno que supone llegar al límite de giro en cada relación, las sacudidas durante cada cambio de marcha realizado a través de sus levas, todo está sumamente logrado y, aunque irreal, os prometo que consigue dibujarte una sonrisa. Más allá de su conducción, que obviamente es lo más importante en un deportivo, es justo valorar el trabajo realizado por Hyundai y la división N en materia de diseño. Estéticamente estamos ante un coche cargado de personalidad, con una imagen muy deportiva que además se ve beneficiada con el último restyling del modelo, ganando en presencia y fuerza. Sé que es un coche polarizador, que no a todos encanta, pero a mí he de admitir que visualmente me parece un modelo muy atractivo. El interior, aunque repleto de calidad, tecnología y espacio, es quizá el punto menos relevante del conjunto por no resultar tan espectacular como el exterior. Lo mejor es sin duda el cuidado por acentuar la experiencia de conducción a través de un volante multifunción de tacto y diseño impecables, además de por unos asientos ideales para realizar conducción deportiva. Pero llegamos a la pregunta del millón. Teniendo en cuenta que el Hyundai Ioniq 6 N no sólo me ha parecido un coche muy interesante, sino claramente recomendable, ¿merece la pena pagar por él 78.045 euros? Es imposible obviar que su condición de eléctrico es un hándicap que pocos serán capaces de pasar por alto, pero tras probarlo y ver todo lo que ofrece, sí que os diré algo, y es que si este coche lo moviese un motor gasolina sería un deportivo diferente, pero no un mejor deportivo.
Qué define realmente a un coche deportivo. Esa es la pregunta que resonará en tu cabeza si pruebas el que posiblemente sea el deportivo más disruptivo que yo he conducido en mucho tiempo, un coche que rompe con todo lo establecido para demostrar que hay vida más allá de los motores gasolina y el sonido de un escape. Y sí, tu lado más petrolhead puede que jamás consiga entenderlo, pero es posible divertirse conduciendo un eléctrico y lo acabo de comprobar por mí mismo. Es innegable que un coche eléctrico no tiene rival a la hora de hablar de cifras. La propulsión eléctrica es capaz de ofrecer números descomunales de potencia, par motor y aceleración, haciéndolo además a un coste relativamente bajo. Pero no es lo mismo hablar de prestaciones que de sensaciones, motivo por el cual algunos de los coches eléctricos más rápidos y potentes del mundo también han demostrado ser coches aburridos. Y sí, hay excepciones como el Porsche Taycan o el Rimac Nevera que han sabido mostrar que un eléctrico puede ser un excepcional deportivo. Pero ha sido Hyundai la que realmente ha cambiado las reglas del juego a través de su férrea apuesta por la electrificación de la división N, dando vida a un Hyundai Ioniq 6 N que, tras poder probarlo a fondo, he podido constatar que es un coche que no tiene rival en el mercado y del que el resto de marcas deberían tomar nota… cosa que ya sabemos que están haciendo algunas como es el caso de Porsche. Al volante de esta berlina es imposible negar que estamos ante un coche grande, mide 4,94 metros de longitud, y pesado, alcanza las 2,2 toneladas, pero el nivel de sensaciones y agilidad que es capaz de transmitir el Ioniq 6 N está al nivel de los mejores deportivos del momento. Es un coche de chasis excepcional, con una puesta a punto y puesto de conducción claramente definidos por gente a la que le gusta conducir y que, en sus modos de conducción más deportivos, regala una experiencia de uso que no encuentras en ningún otro eléctrico. Ah, y además pone a tu disposición 650 CV y 770 Nm entregados a través de ambos ejes. Casi nada. La personalización de esta experiencia es otro de sus claros puntos fuertes, pues es posible modificar casi que cualquier parámetro del tren de propulsión para adaptar su respuesta, retención, entrega, agarre, etc. añadiendo un sistema de emulación de sonido, transmisión y funcionamiento del motor, que te permite conducir este coche como si bajo su capó delantero llevase un motor V8. Sí, no hay nada real en esa experiencia que inunda todos tus sentidos, pero la sensación al volante es más que satisfactoria y te permite además alcanzar un nivel de disfrute que, si no supieses que estás llevando un eléctrico, creerías perfectamente que conduces un deportivo de gasolina. El freno que supone llegar al límite de giro en cada relación, las sacudidas durante cada cambio de marcha realizado a través de sus levas, todo está sumamente logrado y, aunque irreal, os prometo que consigue dibujarte una sonrisa. Más allá de su conducción, que obviamente es lo más importante en un deportivo, es justo valorar el trabajo realizado por Hyundai y la división N en materia de diseño. Estéticamente estamos ante un coche cargado de personalidad, con una imagen muy deportiva que además se ve beneficiada con el último restyling del modelo, ganando en presencia y fuerza. Sé que es un coche polarizador, que no a todos encanta, pero a mí he de admitir que visualmente me parece un modelo muy atractivo. El interior, aunque repleto de calidad, tecnología y espacio, es quizá el punto menos relevante del conjunto por no resultar tan espectacular como el exterior. Lo mejor es sin duda el cuidado por acentuar la experiencia de conducción a través de un volante multifunción de tacto y diseño impecables, además de por unos asientos ideales para realizar conducción deportiva. Pero llegamos a la pregunta del millón. Teniendo en cuenta que el Hyundai Ioniq 6 N no sólo me ha parecido un coche muy interesante, sino claramente recomendable, ¿merece la pena pagar por él 78.045 euros? Es imposible obviar que su condición de eléctrico es un hándicap que pocos serán capaces de pasar por alto, pero tras probarlo y ver todo lo que ofrece, sí que os diré algo, y es que si este coche lo moviese un motor gasolina sería un deportivo diferente, pero no un mejor deportivo.
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