No solo ha sido el gobierno más extenso de nuestro pasado: los restos del Imperio Romano no dejan de ofrecer respuestas y plantear nuevas preguntas. Esta vez empezaron a tirar y a subir, y las piezas aparecieron enganchadas en las redes. Por la forma y masa, un pez no era, desde luego. La red del buque Miguel Oliver subió el pasado 5 de septiembre 26 ánforas romanas casi intactas y 17 cajas de cerámica fragmentada. El equipo del Museo Arqueológico de Eivissa y Formentera (MAEF), por su parte, se encargó de la recepción y traslado al almacén. El lance ocurrió al sur de Formentera, a 1.400 metros de profundidad. Nadie las buscaba, porque el barco hacía ciencia pesquera, no arqueología. El hallazgo llegó al Museo Arqueológico de Ibiza y Formentera en menos de 24 horas. Una red que perseguía merluzas. El Miguel Oliver participaba en MEDITS, el programa que audita cada año la salud de los caladeros mediterráneos. Empezó en 1994 con cuatro países: Francia, España, Italia y Grecia. Hoy suma once. Baleares entró en el 2001. Las Pitiusas, la zona más joven del programa, se incorporaron recién en 2021. Rastrean merluza, gamba roja, cigala, pulpo. Ese día, entre las mallas, apareció también el Imperio Romano. Ánforas Dressel 20. Las piezas pertenecen al tipo Dressel 20, el envase estrella del aceite bético entre los siglos I y III. El bidón estándar, por así decirlo. Se fabricaban junto al Guadalquivir, entre Hispalis (Sevilla) y Corduba (Córdoba), y cargaban entre 40 y 80 litros de aceite. Su arcilla porosa las volvía inservibles tras un solo viaje: se llenaban, viajaban y se tiraban. Muchas de las recuperadas en Formentera conservan sellos y tituli picti, inscripciones pintadas con el peso, el origen y el nombre del comerciante. Es la etiqueta nutricional de la Antigüedad, y la pista que permite rastrear rutas comerciales enteras. Sellos idénticos aparecen en yacimientos de Londres y de Maguncia, en la actual Alemania: el aceite bético llegaba hasta las fronteras más lejanas del Imperio. En Xataka Creyeron pescar chatarra romana, pero unos pescadores de Benicarló hallaron el mayor lote de cascos medievales de España Una montaña. Ese modelo de usar y tirar dejó una huella brutal en Roma. El Monte Testaccio, una colina artificial de 35 metros junto al Tíber, está hecha casi por completo de fragmentos de Dressel 20: unos 53 millones de ánforas, acumuladas durante un siglo. Formentera aporta ahora 26 piezas más al mismo rompecabezas logístico: cómo movía Roma millones de litros de aceite por mar sin naves cisterna. El nombre. El Miguel Oliver no es un pesquero cualquiera. Mide 70 metros de eslora, costó 24 millones de euros y se botó en Vigo en 2007. Lleva el nombre de Miguel Oliver (Barcelona, 1918 - Mallorca, 2004), biólogo marino y secretario general de Pesca Marítima entre 1982 y 1986. Va equipado con seis laboratorios, tres ecosondas y tres radares, y está certificado como buque silencioso: emite tan poco ruido que ni siquiera espanta a las especies que estudia. El pasado 5, además de merluza, encontró veinte siglos de comercio. 1.400 metros. Ningún buzo llega ahí. La inmersión recreativa se detiene sobre los 40 metros, si bien hay retos de cinco atmósferas; la técnica, con mezclas de gases, roza los 300. A 1.400 metros solo llegan redes de arrastre, robots submarinos o sumergibles tripulados, un lujo reservado a expediciones oceanográficas de gran presupuesto. Por eso la arqueología subacuática mediterránea trabaja casi siempre en aguas someras, donde caben buzos. Un pecio a esa profundidad es prácticamente inexcavable: solo un arrastre casual, como este, lo reflota. Manguera, desalación y agilidad. El material subacuático se deteriora rápido fuera del agua: la sal cristaliza y desintegra la cerámica. La tripulación mantuvo las ánforas hidratadas con una manguera durante todo el trayecto. En tierra, el Servicio de Patrimonio Subacuático autorizó el traslado según la Ley de Patrimonio Histórico Español, que obliga a depositar cualquier resto extraído en el museo más cercano. Ahora empieza la desalación pieza por pieza, en tanques de agua, antes de la restauración definitiva. Sustos y alegrías. En 2020, un arrastrero de Formentera sacó cuatro ánforas romanas casi intactas a solo 110 metros de profundidad. Y desde 2009, el Consell protege como Bien de Interés Cultural un pecio romano del siglo IV hundido a 75 metros, entre Punta Pedrera y Cap des Falcó, con un derrame de ánforas repartido en 12 por 11 metros de fondo. Las aguas pitiusas guardan, al parecer, un Mediterráneo entero de comercio romano. Lo que viene ahora. Los sellos de las ánforas de Formentera todavía no revelan fecha ni origen exacto del cargamento. El estudio epigráfico cerrará ese hueco, pieza a pieza. Con suerte, apuntará también hacia el naufragio del que probablemente cayeron. O, como mínimo, dar un marco temporal a este alijo. Imágenes | Ministerio de Interior En Xataka | La punta de lanza ósea más antigua hallada en Europa no fue creada por nuestra especie: llevaba ya 30.000 años ahí En Xataka | Hace más de 3.000 años Europa ya acogía batallas que implicaban a varias regiones. Lo sabemos gracias a unas flechas - La noticia Un barco oceanográfico pesca por accidente 26 ánforas romanas en un yacimiento oculto en Formentera fue publicada originalmente en Xataka por Isra Fdez .