Actualizado Domingo, 1 noviembre 2026 - 14:40
El escultor Miquel Navarro (Mislata, Valencia, 1945) ha muerto este domingo a los 81 años de edad tras una larga enfermedad. Referente de la conocida como Nueva Escultura Española, el valenciano es uno de los escultores contemporáneos que ayudó a la renovación del lenguaje en este arte a finales del siglo XX. Formado en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Carlos de Valencia, había ganado el Premio Nacional de Artes Plásticas en 1986 y era académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.
Para saber más
Miquel Navarro se quedó afónico a finales de junio. El escultor valenciano más importante del siglo XX pensaba que los nervios le habían traicionado en su gran día: la inauguración de la Casa Taller en Mislata que gestiona la fundación sin ánimo de lucro que creó en 2020. El antiguo almacén de productos químicos que había adquirido para reconvertirlo en su taller por fin abría sus puertas al público, tras años de trabajo y de trabas burocráticas. Él presumía de que podía haberlo llevado a cualquier ciudad del mundo. Pero para él, ninguna era como Mislata.
Navarro llevaba tiempo preparando y dando forma a su legado, si bien dejaba claro a quien le preguntase -sin perder su tono socarrón y su característico buen humor- que sus manos y su mente estaban lejos de querer tomarse un descanso. Con un hilo de voz -que ya no recuperó-, Navarro prometía seguir creando como aquel niño que corría incansable por las calles de su estimada Mislata.
Porque Navarro, uno de los principales referentes del arte contemporáneo español, disfrutó del reconocimiento internacional y vio su obra expuesta en algunos de los museos más importantes del mundo: del Guggenheim de Nueva York y Bilbao al Georges Pompidou de París, el Mie Prefectural Art Museum en Japón, el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona o el Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM). Sin embargo, siempre volvía a Mislata, el pequeño municipio pegado -literalmente- a Valencia que aún conserva el aroma de pueblo que tanto le enseñó de niño y que impregnaría su obra.
Navarro, de hecho, residía en el mismo barrio que le vio nacer, pegado a la huerta que rodea Valencia y en cuyas acequias aprendió a moldear el barro como si de un juego se tratase. El artista valenciano no tardó en quedar fascinado por las leyes ocultas que rigen el devenir de la naturaleza y, sobre todo, las ciudades, desde la energía al movimiento. Así, en las conocidas ciudades de Miquel Navarro -la primera Ciutat 1973-1974 se expuso en el Colegio de Arquitectos de Valencia- se condensa la personalidad de un artista único: el juego de volúmenes y espacios, el contraste entre el mundo agrícola y el industrial, la unión entre escultura y arquitectura y, por qué no, la fusión entre deseo y poder.
Las ciudades de Miquel Navarro son nuestro propio reflejo, organismos cuyo corazón y arterias configuran un sistema vivo. La arcilla del juego infantil le sirvió luego para dar forma a esas tramas urbanas, a las que acabaría incorporando hierro, acero, aluminio...
Por eso, la obra de este artista valenciano está plagada de tótems, guerreros, lunas, chimeneas, pirámides, insectos... La recreación de escenas sexuales y la representación del falo son otra constante en la obra de Navarro. No solo como símbolo del erotismo, sino también del poder. Pocos saben que en la entrada a su Casa Taller de Mislata cuelga la foto gigantesca de un Miguel Ángel Silvestre desnudo.
La Valencia escultórica lleva también la firma de Navarro, cuya cabeza dio forma a algunas de las piezas más icónicas de la capital. Su Fuente pública de 23 metros quedó rebautizada por los valencianos como La Pantera rosa, a la que seguiría una larga lista de piezas de gran formato concebidas para resignificar la vía pública de distintas ciudades como Barcelona, Zaragoza o Bruselas. Navarro, de nuevo, dando forma al paisaje urbano que tanto imaginó.
En un comunicado público, a través de las redes sociales, el Ayuntamiento de su Mislata natal ha querido expresar sus condolencias a la familia del artista y le ha situado como "una figura clave" de la localidad por la influencia de su casa taller y por "su legado artístico". "Su obra, su compromiso con el arte y su vinculación con Mislata dejan una huella imborrable en nuestra ciudad y en la cultura valenciana", afirma el Consistorio.
El Museo Arqueológico Nacional acogerá desde el próximo 10 de diciembre la que será una exposición póstuma, La ciudad que late bajo las ruinas,donde su obra encuentra en los mármoles romanos un inesperado territorio de resonancias. La ciudad roja, construida en hierro, despliega una geografía mineral donde pasado y presente comparten una misma pulsación. Sus torres y módulos, articulados mediante ritmos y vacíos, evocan organismos urbanos cuya vida persiste incluso después de su desaparición.
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