Gorka Goñi, de 17 años, es un chico deportista, seguidor de Osasuna. En sus ratos libres, jugaba al fútbol en el equipo de Segunda Juvenil del C.D. Baztán, así como le encantaba la bici de montaña. Su realidad cambió drásticamente la noche del 3 de enero de 2026 tras sufrir una sepsis meningocócica fulminante que le ha llevado a perder las dos piernas y el brazo izquierdo.

Un sábado cualquiera, en el que la familia cenó unas pizzas, no tenía apetito y se fue a dormir con malestar. De madrugada, se levantó vomitando y con unas décimas de fiebre. Se tomó un paracetamol y volvió a la cama sin darle más importancia. Pero, hacia las 04.00 horas de la madrugada, se encontró peor, con sudores y vómitos, y se tomó otra pastilla para intentar frenar el malestar. Levantándose sin mejoría a la mañana, mientras tiritaba en el baño y la fiebre había superado los 40 grados, decidieron ir al centro de salud.

El médico determinó que debían trasladarlo desde Elbete (Baztán), donde reside, a Pamplona en helicóptero al Hospital Virgen del Camino. Al ver los síntomas y encontrar unas manchas rojas por el cuerpo, y que no reaccionaban a la presión del dedo, decidieron ingresarlo inmediatamente en la UCI. "El primer mes lo pasó en Pamplona sufriendo unos dolores terribles". La enfermedad que sufrió Gorka proviene de una bacteria. Esta patología, que se activó en el tracto respiratorio y accedió a su líquido cefalorraquídeo, dio como resultado una meningitis.

"Por lo que nos dijeron los médicos, no es la bacteria lo que provoca todas esas secuelas, es el cuerpo en sí que intenta reaccionar para matar esa bacteria", reconoce a EL MUNDO su tío, Mikel Barriola. De Pamplona fue trasladado al Hospital de La Paz en Madrid, donde fueron tajantes con el diagnóstico y le comunicaron que tendrían que amputarle.

A raíz de la meningitis, una de las principales causas de muerte por infección en menores en España, según la Sociedad Española de Neurología (SEN), y de la cual estaba vacunado de una de las cepas que circulan en España, Gorka ha perdido sus dos extremidades inferiores, por debajo de la rodilla, y su brazo izquierdo. "Ha tenido seis operaciones. El 80% de su piel estaba necrosada; le han hecho varias veces injertos de piel, extrayéndose de las zonas sanas y poniéndosela en las zonas donde quedaba a la vista la musculatura", explica Barriola.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), alrededor de una de cada seis personas con meningitis bacteriana fallece y una de cada cinco presenta secuelas graves. Cada año se identifican unos 1.000 casos de meningitis en España, de los cuales un 10% son muy graves. En España existe una ligera tendencia ascendente desde hace 10 años, con lo que la SEN insta a reforzar la prevención y vacunación, especialmente en niños y adolescentes.

En estos cuatro meses de calvario, sus padres se han dedicado en cuerpo y alma al cuidado de su hijo, llegando a renunciar incluso a sus trabajos. Uno de sus mayores apoyos es su hermano menor, Oier. Él vive esta situación con altibajos. Entre sus pensamientos, con los pies en el suelo, no quiere mirar al futuro, pero se plantea "si va a tener que estar cuidándolo para toda la vida". "Tiene momentos en los que se derrumba, admira mucho a su hermano", asegura Barriola.

Al igual que Oier, gran parte de sus amigos han tenido que recibir ayuda psicológica para asimilar este varapalo. "A esa edad no le encuentran explicación, y saber que Gorka no va a ser el mismo, que le faltan las dos piernas y el brazo, es un mazazo".

En los últimos días, Gorka "ha ganado movilidad", y en sus más de tres meses en el hospital, donde "los celadores y enfermeros tenían que cambiarlo de postura cada hora", ha tenido que inventarse maneras para llevar el paso del tiempo de manera más liviana.

"En la UCI pasaba las horas viendo el reloj para ver cuándo le tocaba el analgésico". En ocasiones, accedía a las redes sociales con la ayuda de Siri, la asistente de voz del móvil. Cuando por fin lo subieron a planta, lo ubicaron en una habitación que daba al Paseo de la Castellana con la persiana rota. "Sólo tenía diez centímetros del hueco de la ventana para ver". Se quejaba: "Jo, aita, diles que la arreglen, que no puedo ni mirar el cielo", expresaba su tío. Pero no tardaría mucho en poder contemplarlo ya que, gracias a su mejoría motora, pudo comenzar a salir del hospital. "El primer día fue un chute de vida", dice.

En una de sus salidas rutinarias, y gracias al aviso del conserje de un hotel de la zona, pudo conocer a la plantilla de la Real Sociedad. Aunque él no sea seguidor de los txuriurdines, su hermano Oier, hincha del club, cumplió uno de sus sueños esa tarde. Gorka también disfrutó de la sorpresa: "Es algo que ni en el mejor de sus sueños hubiera imaginado. Matarazzo le regaló una camiseta firmada, y sus jugadores se portaron como unos señores con él. Le hizo mucha ilusión conocer a Oyarzábal". Junto a los de San Sebastián, equipos como el Athletic Club y CA Osasuna le mandaron un mensaje por el día de su cumpleaños mostrándole su apoyo.

Gorka Goñi y su familia esperan impacientes volver a casa. Se espera que en las próximas semanas pueda recibir el alta médica. El siguiente paso será aprender a caminar con prótesis y adaptarse a su nueva realidad, pero el trayecto hacia la autonomía es largo y muy costoso.

Por eso mismo, la familia ha puesto en marcha una iniciativa llamada "Gurekin Zaude: Estamos contigo", con la que buscan financiar, por medio de donaciones, las prótesis para recuperar su independencia. La recaudación ha sido todo un éxito, alcanzando una cifra mayor a 360.000 euros, contando con más de 4.000 donaciones. El joven ya planea lo primero que hará en cuanto salga del hospital: "Quiere comer un buen plato de espaguetis con albóndigas y unas croquetas de su abuela".

La vida de Gorka nunca será la misma, pero la afrontará con la fuerza que ha demostrado a toda su familia: "Le encanta montar en bici, le transmitimos que estar fuera de peligro ya supone la subida a la cima de la montaña, y que ahora sólo le falta llegar a casa, aunque el camino esté lleno de baches. Si Dios quiere y es capaz, algún día podrá volver a montar en bici". Cualquiera en su lugar se derrumbaría al recibir la noticia, pero Gorka se mantiene fuerte y no pierde la esperanza. Al salir del quirófano, expresó a su familia con entereza: "Lo he aceptado".

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