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Fecha de publicación 16 octubre 2026
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La primera vez que los científicos encontraron grandes tiburones blancos muertos en las costas de Sudáfrica, no daban crédito a sus ojos.
Todos presentaban las mismas marcas de mutilación —tenían el cuerpo desgarrado y les habían extraído el hígado—, lo que apuntaba al mismo culpable.
Estas mortales tácticas se observan ahora en todo el mundo.
El 3 de mayo de 2017, los restos de un enorme tiburón blanco recalaron en la costa de Gansbaai, un pueblo de pescadores cercano a Ciudad del Cabo, en Sudáfrica. El tiburón hembra pesaba 1.100 kilos y presentaba una herida abierta en el vientre por la que le habían extraído su hígado, de 90 kilos.
"Nos preguntamos: '¿Qué demonios ha hecho esto?'", recuerda Alison Towner, quien dirigió la necropsia del tiburón muerto.
Otros cinco grandes tiburones blancos muertos aparecerían en los meses posteriores. Todos con las mismas heridas características; los habían desgarrado y les habían quitado el hígado.
Según Towner, bióloga especializada en tiburones de la Universidad de Rhodes en Grahamstown, Sudáfrica, "fue extraordinario".
"A esas alturas había visto cientos de grandes tiburones blancos... jamás los había visto varar uno tras otro, una y otra vez", recuerda.
Fue la primera señal de que se libraba una batalla submarina. Una que tendría repercusiones en los océanos de todo el mundo, como supo más tarde.
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Towner hizo las necropsias de todos los tiburones y, al observar el mismo patrón de mutilación, sospechó de inmediato de dos culpables: una par de orcas bautizadas como Puerto y Estribor.
Estas dos orcas macho, que se cree que son hermanos, aparecieron por primera vez en las inmediaciones de Ciudad del Cabo en 2015.
Las bautizaron como Puerto y Estribor debido a sus singulares aletas dorsales, caídas hacia la izquierda y la derecha, respectivamente.
Poco después de avistar al par de orcas, los buceadores se toparon con un grupo de tiburones de siete branquias de hocico ancho muertos.
Los corpulentos cuerpos de estos tiburones de aspecto prehistórico presentaban desgarros y no tenían hígado.
"Puerto y Estribor llegaron justo cuando los buceadores sacaban los cadáveres del agua", relata Towner.
"Estábamos con las víctimas y los culpables en el lugar, pero en aquel momento no logramos comprender lo sucedido".
Los biólogos marinos y el público siguieron avistando a las dos orcas a lo largo de la costa de Ciudad del Cabo, incluso en los alrededores de la isla Dyer, conocida en el pasado como "el autoservicio de McDonald's para los grandes tiburones blancos" por los tiburones que patrullaban la zona de arriba abajo en los meses de invierno en busca de focas, explica Towner.
"Nadie dudaba de que la isla Dyer fuera uno de los mejores lugares del planeta para ver un gran tiburón blanco", señala.
Sin embargo, desaparecieron de repente. "Se esfumaron de la noche a la mañana", cuenta Towner.
Al igual que otros expertos, tenía sospechas, pero tuvieron que esperar hasta 2022 para vincular de forma oficial a las orcas con las muertes de los tiburones. "Parecía una investigación criminal (...) Juntábamos indicios, pero faltaba la prueba definitiva. Hasta que la conseguimos".
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El 16 de mayo de 2022, un operador aficionado de drones filmó a tres orcas atacando a un gran tiburón blanco de 3 metros de longitud frente a la costa de la bahía de Mossel, a 400 kilómetros al este de Ciudad del Cabo.
Durante el encuentro, una de las tres orcas se valió de su hocico para empujar al tiburón hacia la superficie y voltearlo sobre su costado derecho, antes de morder una zona cercana a las aletas pectorales y liberar un charco de sangre.
Una de las orcas se sumergió a continuación con el tiburón en la boca, mientras otra pareció agarrar la cola del tiburón antes de perderse de vista.
Más recientemente se ha avistado también a orcas matando a grandes tiburones blancos frente a las costas de California y Australia, lo que demuestra su notable destreza en la caza, su inteligencia y su trabajo en equipo.
Ante el cambio climático y las presiones ambientales que han hecho a estas dos especies aproximarse cada vez más, los científicos advierten que la batalla en curso entre los principales superdepredadores marinos genera ramificaciones drásticas para la vida en el océano.
Las orcas y los grandes tiburones blancos ocupan la cúspide de sus respectivas cadenas tróficas y cumplen una función ecológica relevante en el mar. Ambas especies compiten por presas semejantes como focas y delfines.
Las orcas son el único depredador conocido del gran tiburón blanco. Towner señala que son muy selectivas en su búsqueda de los órganos de los que obtienen sustento, y el hígado constituye la parte más nutritiva.
Los grandes tiburones blancos emplean sus grandes hígados como enormes reservas de energía para las grandes migraciones que a menudo tienen que emprender y para mantenerse a flote.
El hígado de un ejemplar adulto representa hasta el 28% de su peso corporal, mientras que el 90% de su volumen procede de lípidos altamente energéticos.
Científicos australianos también han documentado casos de orcas que extraen el hígado de los tiburones, así como el músculo pectoral de los pingüinos, según indica Isabella Reeves, bióloga marina especialista en orcas de la Universidad de Australia Occidental.
Deborah Giles, científica especializada en orcas de la Universidad de California en Davis, apunta que resulta complejo determinar si esta estrategia de caza constituye una conducta nueva o si simplemente se está registrando con mayor frecuencia debido a la proliferación de cámaras subacuáticas y drones sobre el mar.
Sea como sea, la táctica evidencia la "extrema inteligencia" de las orcas y su aptitud para aprovechar los recursos disponibles en sus territorios de origen.
Reeves coincide en que las orcas poseen ventaja debido a su cultura y a que viven en sociedades estructuradas por familias con normas y bases claras.
Las orcas viven y cazan en grupos sociales denominados manadas, y emplean "dialectos" vocales únicos para comunicarse entre sí. Demuestran una gran coordinación en sus tácticas de caza, según relata Towner.
Los grandes tiburones blancos, en cambio, son animales esencialmente solitarios.
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Solo en raras ocasiones, se han visto orcas cazando en solitario.
El 18 de junio de 2023, Estribor fue filmado atacando solo a un gran tiburón blanco.
Mató a un tiburón joven de 2,5 metros y le extrajo el hígado en menos de dos minutos.
Unos turistas a bordo de una embarcación filmaron a la orca con el hígado del tiburón en la boca, mientras las gaviotas carroñaban los restos de aceite hepático que habían quedado en la superficie del mar.
Al día siguiente, el cadáver de un segundo tiburón mutilado de 3,5 metros apareció en la costa cercana, lo que hace pensar que Estribor acabó con dos grandes tiburones blancos en aquellas fechas.
"Esto nos demostró que Estribor es un depredador muy sofisticado (...) que no necesita cómplices", afirma Towner.
Erick Higuera, biólogo marino y cineasta especializado en vida silvestre en Baja California, México, no creía lo que veían sus ojos al revisar en 2020 un fragmento de las grabaciones de su dron.
Higuera, quien dirige el programa de orcas de las organizaciones sin ánimo de lucro Conexiones Terramar y Pelagic Life, había filmado a un grupo de cinco orcas cazando a un tiburón en el golfo de California.
En las imágenes, las orcas empujan al gran tiburón blanco hacia la superficie antes de volcarlo entre todas. A continuación, lo arrastran bajo el agua y emergen ya con el hígado en la boca.
"Las orcas embistieron al tiburón y lo golpearon. Después le extrajeron el hígado y se lo comieron", afirma Higuera.
"No mostraron señales de consumir el cadáver, únicamente el hígado".
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Las orcas pertenecen a la manada Moctezuma, bautizada así por un destacado macho adulto que tenía el nombre del emperador azteca.
El grupo ya había sido visto cazando rayas mobula, también llamadas mantas o rayas diablo, en 2018.
Dos años después pasaron a capturar presas de mayor tamaño: grandes blancos y tiburones ballena.
En 2022, Higuera filmó a cinco orcas de la manada Moctezuma mientras cazaban a otro gran tiburón blanco joven. Las orcas lo empujaron sobre su lomo y lo elevaron hasta la superficie.
Girar al tiburón provoca en él un estado de parálisis denominado inmovilidad tónica, según indica Higuera: "Se trata de una parálisis natural y temporal que se produce cuando el escualo se invierte, lo deja completamente inerte y le impide reaccionar por al menos un minuto", tiempo suficiente para la destreza mortal de las orcas.
"Una vez neutralizado el tiburón de forma segura, las orcas pueden seccionar su abdomen con facilidad para extraer y consumir el hígado, rico en energía, sin arriesgarse a sufrir las lesiones de un contraataque".
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