Ceuta ha vuelto a recordar que una frontera puede cambiar en cuestión de horas cuando miles de personas deciden cruzarla al mismo tiempo. Lo cierto es que Europa ya vivió una escena parecida hace 35 años, aunque entonces el símbolo no fue una playa ni una valla: fue un monstruoso carguero tan abarrotado que parecía imposible que siguiera flotando. El barco que nadie esperaba. Ocurrió en la mañana del 8 de agosto de 1991, cuando los trabajadores del puerto de Bari contemplaron una escena difícil de creer. A lo lejos, un viejo carguero oxidado avanzaba lentamente hacia el muelle con personas ocupando absolutamente todos los espacios imaginables: cubierta, escaleras, pasillos, barandillas e incluso colgando de los laterales. A bordo viajaban entre 10.000 y 20.000 albaneses hacinados tras haber tomado el Vlora el día anterior en el puerto de Durrës, protagonizando una de las mayores llegadas de inmigrantes por mar que ha vivido Europa en tiempos recientes. En Xataka España lleva años creyendo que la inmigración la salvará del drama del envejecimiento. Hay quien cree que es un error garrafal Un país en caída. En realidad, aquella travesía comenzó mucho antes de que el barco zarpara. La caída del régimen comunista había sumido Albania en un colapso económico y social, con fábricas cerradas, escasez de alimentos y un futuro que parecía desaparecer para toda una generación. Italia, situada a menos de 150 kilómetros al otro lado del Adriático y convertida en escaparate de prosperidad gracias a la televisión, se había transformado para miles de familias en la única salida posible. Un viaje improbable. Porque el Vlora ni siquiera estaba preparado para transportar pasajeros. Acababa de regresar de Cuba con un cargamento de azúcar y necesitaba reparaciones cuando una multitud invadió el puerto y comenzó a abordar cualquier barco que pudiera cruzar el Adriático. Muchas personas saltaron al agua para alcanzar el casco y treparon por cuerdas y escaleras hasta un barco donde ya no cabía nadie más. Su capitán, Halim Milaqi, decidió partir al comprender que impedirlo podía acabar en tragedia. Navegó con motores auxiliares, sin radar y con graves problemas mecánicos mientras miles de personas soportaban más de un día sin apenas agua, comida ni espacio para moverse. El descubrimiento de Italia. Las autoridades italianas intentaron evitar el desembarco desviando el barco e incluso bloqueando parcialmente la entrada al puerto. No funcionó. El capitán insistió en que llevaba heridos y que el estado de la embarcación hacía imposible regresar. Cuando el Vlora atracó en un muelle destinado a descargar carbón, el Gobierno ordenó impedir que los pasajeros se dispersaran y acelerar su devolución a Albania. Sin embargo, gestionar una llegada de semejante magnitud resultó mucho más complicado de lo previsto. El estadio convertido en marea humana. Miles de personas fueron trasladadas al Stadio della Vittoria, un recinto deportivo fuera de uso que pasó a convertirse en un enorme centro de retención improvisado. Allí no pasó mucho tiempo hasta que quedó claro que la mayoría sería repatriada, lo que provocó intentos de fuga, enfrentamientos con la policía y escenas de enorme tensión. Algunos consiguieron escapar y permanecer en Italia, mientras otros fueron embarcados de vuelta a Albania pocos días después, en una actuación que recibió críticas de organizaciones humanitarias y del propio Vaticano. En Xataka A partir de 10 millones, se cierra la puerta a los inmigrantes: la medida radical que Suiza tiene encima de la mesa La fotografía para la historia. Con el paso de los años, las imágenes del Vlora han terminado simbolizando mucho más que una crisis migratoria. Reflejan el instante en que un país entero creyó que el futuro estaba al otro lado del mar y decidió lanzarse hacia él literalmente por cualquier medio posible. Algunos de aquellos pasajeros lograron reconstruir su vida en otros países décadas después, otros regresaron a Albania. Sea como fuere, la fotografía del carguero cubierto por miles de personas continúa siendo una de las imágenes más poderosas e impactantes de la historia reciente de Europa y un recordatorio de hasta dónde puede llegar alguien cuando siente que ya no tiene nada que perder. Imagen | Italian Archives En Xataka | Con la natalidad en niveles que no se veían desde 1939, una realidad se abre paso en Barcelona: la población autóctona ya es minoría En Xataka | España fue durante años una tierra de oportunidades para los inmigrantes rumanos: ahora están volviendo a Rumanía (function() { window._JS_MODULES = window._JS_MODULES || {}; var headElement = document.getElementsByTagName('head')[0]; if (_JS_MODULES.instagram) { var instagramScript = document.createElement('script'); instagramScript.src = 'https://platform.instagram.com/en_US/embeds.js'; instagramScript.async = true; instagramScript.defer = true; headElement.appendChild(instagramScript); } })(); - La noticia En 1991 Italia creyó que se acercaba un viejo carguero. Cuando atracó descubrió que cada rincón estaba cubierto de personas fue publicada originalmente en Xataka por Miguel Jorge .