El sismo de magnitud 7,4 que sacudió Colombia el 10 de agosto dejó al menos 331 muertos, 4.519 heridos y más de 237.000 viviendas destruidas o dañadas. Un mes después, las labores de emergencia dan paso a una etapa más compleja: reconstruir infraestructura, recuperar medios de vida y atender las consecuencias sociales y emocionales de una tragedia que golpeó con especial fuerza a comunidades que ya vivían en condiciones de vulnerabilidad.