Actualizado Jueves, 14 mayo 2026 - 19:14

«Sí, sí, es esta...os lo puedo asegurar, ¡vaya si lo es, no es marketing!».

Rafa Nadal pronuncia estas palabras mientras está de pie frente a una vitrina donde se expone un objeto muy especial. No es una de las 14 Copas de los Mosqueteros que levantó en su carrera sobre la arcilla de Roland Garros, la fragua de su legendaria figura tenística.

Lo que Rafa mira con nostalgia es una pequeña raqueta de niño, un modelo Prince Junior color gris plata con el marco lleno de arañazos y la empuñadura visiblemente desgastada. Es su primera raqueta, la que usaba cuando empezó a pasar bolas en Manacor con 6 años de edad.

Treinta y tres años después, aquel niño mallorquín que soñaba con ser deportista pasea por su nuevo museo. Un espacio espectacular ubicado en su cuartel general, su famosa academia de Manacor, la Rafa Nadal Academy.

La exposición es una experiencia inmersiva audiovisual que se adentra en la figura visible del tenista -sus logros, sus rivalidades, sus golpes únicos, sus copas- pero que también retrata al Nadal más íntimo, el Rafael que creció en Manacor rodeado de su familia, el lugar del que nunca se ha ido.

«Lo mejor de mi vida ha sido tener a las personas que quiero a mi lado, eso es lo que me ha hecho feliz y por eso me he quedado aquí siempre», explica Nadal cuando, ya ante decenas de periodistas, detalla su nuevo proyecto, el moderno museo dedicado a uno de los deportistas más destacados de la historia.

La instalación abre este viernes las puertas al público. Con ella, según confiesa, el tenista ha tenido que vencer algunas de sus reticencias iniciales, propias de su carácter introvertido. «Inicialmente quería que la idea principal fuese distinta, que fuese más un museo del deporte y no tan íntimo porque no me gustan las cosas tan personales», admite.

Sin embargo, finalmente se dejó aconsejar y el museo conjuga su vida en la pista con parte de su vida personal, el retrato humano de aquel niño que se miraba en el espejo de los grandes atletas de la historia, como Mohammed Ali, Carl Lewis o el malogrado Maradona, una de cuyas camisetas se expone firmada con un mensaje autografiado: «Para Rafa Nadal con todo mi cariño, sos un maestro de maestros».

Así, entre galardones y objetos fetiche de su carrera tenística (sus 92 trofeos, raquetas históricas, decenas de zapatillas y muñequeras con las que jugó, objetos de culto como zapatos firmados por André Agassi o Usain Bolt, camisetas de Messi y Mbappe, el casco de Tom Brady o las antorchas olímpicas que sostuvo en los cuatro Juegos Olímpicos en los que compitió) se cuelan otros objetos de carácter más personal. Allí está el DVD de su película favorita, Gladiator, o los juegos de la Play Station que amenizaban las largas concentraciones con su equipo.

Nadal estrenó este jueves su museo con la mirada anegada de nostalgia, con la emoción de ver retratado al niño soñador que fue y del que la muestra proyecta algunos momentos que ya entonces anticipaban su legendaria autoexigencia. «He de entrenar más», decía el Rafa niño tras ganar un torneo. Pero, según dijo, lo hace sin añoranza por no ser ya tenista profesional. «No lo echo de menos, tengo la suerte de que cerré bien la página, llegué al límite de mis posibilidades, no mentales pero sí físicas, y ahora estoy en otra etapa de mi vida que estoy disfrutando». «Hice lo que soy como persona: intentarlo hasta el final».

El museo, también interactivo, reserva un apartado a una de las grandes tramas del deporte moderno: la del Big Three, la rivalidad que mantuvieron durante años Federer, Nadal y Djokovic, los tres tenistas más laureados de la historia.

La muestra ofrece material audiovisual único, una de las joyas del museo en el que tanto Federer como Nole han participado y donde ofrecen testimonios inéditos. «Rafa era la tormenta perfecta», confiesa Federer sobre su respetado adversario, al que alaba por su tenis y por su dimensión humana.

«El museo intenta inculcar y transmitir valores y emocionar a la gente pero también reflejar lo que soy», se sincera Nadal. «Porque soy una persona normal y no finjo; no era normal jugando a tenis porque ganaba más pero en la vida soy tan normal como cualquier otro, así es como soy».

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