Los líderes chino y estadounidense hablarán de comercio, tecnología, Irán y Taiwán.

La visita de Estado de Donald Trump a China le brinda al presidente estadounidense la oportunidad de desviar la atención de su guerra con Irán y de los problemas internos, donde la inflación aumenta y su popularidad sigue cayendo.

Xi Jinping, por su parte, intenta proyectar una imagen de China como un gestor solvente de la economía global, en contraste con las erráticas políticas comerciales de Trump. Sin embargo, China enfrenta profundos desafíos económicos, desde un mercado laboral y una demanda interna debilitados hasta una excesiva dependencia de las exportaciones para el crecimiento.

Ambos líderes buscan ventajas geopolíticas, incluso en relación con Irán y Taiwán, así como acuerdos comerciales y la ampliación de la tregua en su guerra arancelaria.

Una delegación empresarial de alto nivel ha acompañado a Trump, incluyendo al CEO de Tesla, Elon Musk, y al consejero delegado saliente de Apple, Tim Cook. Los ejecutivos estadounidenses buscarán nuevas oportunidades de negocio, así como la posibilidad de resolver problemas con las autoridades chinas.

El presidente estadounidense declaró a su partida de Washington que mantendría una larga conversación con Xi Jinping sobre Irán, aunque añadió que "no creo que necesitemos ayuda" para poner fin a la guerra.

Trump también afirmó que Xi Jinping se había comportado "relativamente bien" con Irán. China no ha interferido con el bloqueo estadounidense, a pesar de ser el mayor comprador de petróleo iraní.

Los analistas asumen que Trump sondeará a Xi Jinping sobre si el líder chino presionará a Teherán para que reabra el estrecho de Ormuz, sobre todo después de que el bloqueo del suministro energético a través de esta vía marítima crucial contribuyera a que la inflación estadounidense registrara su nivel más alto en tres años en abril.

El ministro de Asuntos Exteriores chino pidió la semana pasada un alto el fuego integral y la reapertura del estrecho durante la reunión con su homólogo iraní. Sin embargo, Estados Unidos ha impuesto sanciones a tres empresas chinas de satélites acusadas de proporcionar imágenes que ayudaron a Teherán a realizar ataques contra el ejército estadounidense.

Zhao Minghao, profesor del Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad de Fudan en Shanghái, afirmó que un conflicto prolongado no beneficia a China debido a su necesidad de petróleo.

"Pekín desempeñará un papel cada vez más importante en la mediación del conflicto", declaró Zhao.

Al comenzar la cumbre, Xi advirtió que la "cuestión de Taiwán" era crucial para las relaciones entre Estados Unidos y China, y añadió que podría derivar en un "conflicto" si no se gestionaba adecuadamente, en el inicio de una cumbre de gran trascendencia en Pekín.

"La cuestión de Taiwán es el tema más importante en las relaciones entre China y Estados Unidos. Si se gestiona correctamente, se puede mantener la estabilidad general de las relaciones bilaterales", sentenció Xi, según la agencia estatal de noticias Xinhua.

"Si no se aborda de la forma adecuada, los dos países podrían entrar en conflicto, empujando toda la relación entre China y EEUU a una situación sumamente peligrosa".

Xi podría presionar a Trump para que ceda terreno en el tema de Taiwán; por ejemplo, aceptando reducir la venta de armas estadounidenses a cambio de ayuda en el conflicto de Irán. Eso rompería con décadas de precedentes en las que EEUU no ha consultado a Pekín sobre sus exportaciones de armamento a Taiwán. Xi también podría presionar a Trump para que cambie la postura diplomática estadounidense hacia Taiwán, incluyendo la modificación de su lenguaje para declarar explícitamente que Washington se opone a cualquier declaración de independencia por parte de Taipéi.

Actualmente, Washington mantiene una postura más neutral, oponiéndose a cualquier cambio unilateral del statu quo en el estrecho de Taiwán.

La cumbre se celebra cinco meses después de que Estados Unidos anunciara un paquete récord de armas para Taiwán por valor de 11.100 millones de dólares. La administración también está preparando otro paquete, por un valor de al menos 14.000 millones de dólares.

Se especula que Trump también podría pedirle a Xi la liberación de presos políticos, como el magnate de los medios de comunicación de Hong Kong, Jimmy Lai, encarcelado tras ser acusado de participar en las protestas de 2019 en el territorio.

Trump y Xi se reúnen seis meses después de alcanzar una tregua de un año en su guerra comercial, durante la cual las dos superpotencias económicas se impusieron aranceles superiores al 100%.

Según Xinhua, Xi le explicó el jueves a Trump que "en una guerra comercial no hay ganadores" y que los equipos económicos y comerciales de ambos países habían alcanzado esta semana un resultado globalmente equilibrado y positivo.

No ofreció más detalles, pero afirmó que ambas partes "deberían trabajar juntas para mantener el impulso positivo logrado con tanto esfuerzo".

James Zimmerman, presidente de la Cámara de Comercio Estadounidense en China, indicó que las empresas estadounidenses esperaban una ampliación de la tregua.

En lo relativo a acuerdos comerciales, una fuente cercana al asunto señaló que se esperaba que China comprara más aviones Boeing, soja y carne de vacuno de EEUU.

Las dos partes también podrían negociar la creación de una "Junta de Comercio" Estados Unidos-China para abordar asuntos comerciales en sectores no sensibles, así como un organismo similar para la inversión bilateral.

Además de sus hostilidades comerciales, Estados Unidos y China se encuentran inmersos en una carrera por la supremacía en IA.

Está previsto que Jensen Huang, CEO de Nvidia, que se incorporó a la delegación de empresarios el miércoles, intente retomar las conversaciones sobre los pedidos chinos de los avanzados chips H200 de la compañía.

Huang declaró este año que Estados Unidos había aprobado las ventas a Alibaba, ByteDance y Tencent, pero los grupos tecnológicos chinos aún no han realizado pedidos después de que Pekín les comunicara que solo podían usar chips de Nvidia fuera de China.

Dina Powell McCormick, presidenta y vicepresidenta de Meta, acompaña a Trump en un momento en que Pekín obliga al propietario estadounidense de Facebook a revertir la adquisición de la startup china Manus por 2.000 millones de dólares. La tardía intervención de Pekín ha llevado a Meta a sopesar opciones que incluyen vender la empresa a un nuevo comprador, devolverla a los inversores actuales o atraer nuevos patrocinadores.

El hijo de Trump, Eric, que dirige la Trump Organization e invierte en criptomonedas, y su esposa Lara también se han unido a la delegación. Han declarado no tener negocios en China.

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