CARLOS ESPINOSA
Actualizado 14/05/2026 - 11:53CEST
Fernando Alonso ha tenido coches que agitarían el corazón de cualquier apasionado al motor, como el Ferrari Enzo con el chasis número 1 que finalmente vendió. Pero no deja de mostrar interés por otros modelos menos llamativos que, sin embargo, forman parte de la historia del motor por su pedigrí en competición.
Alonso se pasea con un Lancia que tiene la aerodinámica de un ladrillo y el precio de un Ferrari
Uno de estos modelos es el Lancia Delta Integrale Martini 6 con el que que el asturiano ha sido visto por las calles de Mónaco. Como siempre, una pregunta surge al verlo: ¿es suyo? Por músculo económico, desde luego puede estar a su nombre. Y el hecho de que la matrícula luzca el 1 y el 4 (el 14 es su número fetiche) alimenta la teoría de que pueda ser suyo.
El Martini 6 es la versión más especial del mítico Lancia Delta Integrale, y se lanzó para conmemorar el sexto título consecutivo de la marca italiana en el mundial de rallyes. Bajo su capó abombado ocultaba un motor 2.0 de cuatro cilindros turboalimentado con 210 CV repartidos entre las cuatro ruedas, que le permitía pasar de 0 a 100 en 5,7 segundos (lo mismo que un Ferrari Testarossa) y alcanzar una velocidad máxima de 220 km/h.
Los asientos y la tapicería son específicas de esta edición limitada.RM Sotheby's
En honor a Martini, el patrocinador del equipo oficial en el Mundial, el coche lucía una tira lateral con los colores oficiales de esta marca de bebida, además de un adhesivo en el pilar trasero con la leyenda HF.
Por dentro, esta edición se distinguía por llevar delante unos asientos bacquet Recaro en color azul con costuras rojas y por un pomo del cambio específico montado sobre una pieza de fibra de carbono. Y todo se coronaba con una placa plateada que indicaba la unidad de la que se trataba de las 310 que se construyeron entre finales de 1992 y 1993.
Todos los HF Integrale contaban con pasos de rueda ensanchados.RM Sotheby's
El Lancia Delta Integrale Martini 6 costaba en su momento unos 40.000 euros al cambio, una cifra entonces más propia de un Porsche 911. Pero su pedigrí en competición, y sobre todo el reducido número de unidades fabricadas, hacen que su cotización haya subido como la espuma. De hecho, las unidades con unos 20.000 kilómetros (en general todas tienen pocos km, al tratarse de coches de colección) tienen precios que se aproximan ya a los 300.000 euros, y aquellas que quedan con menos de 5.000 rondan los 350.000 euros. Lo mismo que un Ferrari o un Lamborghini, pero sin llamar tanto la atención a su paso ni lucir una de esas aerodinámicas siluetas.
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