Run from the sunlight, Dracula.

Nighthawks es una visual novel que nos sumerge en un mundo donde vampiros y humanos coexisten… a duras penas.

Es un poco triste que un juego tan interesante como Nighthawks saltase a la actualidad por el enésimo caso de Valve pasándose de puritana en Steam, calificando de “solo para adultos” un título que como mucho podría adjetivarse como “sexy”: tiene todo el sentido del mundo, centrándose en el mundo vampírico. Ahora que alguien dentro de la compañía ha visto la luz, podemos jugar sin restricciones a esta visual novel que nos convierte en chupasangres en una versión alternativa del mundo presente.

Nighthawks se ambienta en un mundo donde la existencia de los vampiros ya no es un secreto, aunque la convivencia no es particularmente cómoda. Aunque su existencia más o menos se tolera, la llegada de personas inmortales con necesidad de beber sangre genera tensiones en la sociedad. Nuestro personaje, convertido hace apenas medio año, se muda a un apartamento de mala muerte en una urbe que promete oportunidades iguales para vivos y no-muertos. La promesa no es exactamente cierta, pero con los movimientos adecuados, quizá podamos medrar y cambiar nuestro destino.

Al principio de la partida escogemos una historia de origen y nos lanzamos a una ciudad que nos repudia (por vampiros o por pobres, según el caso), pero entre la que podemos encontrar almas afines. Podemos movernos por diferentes localizaciones conocidas mientras buscamos a una persona vinculada a nuestro pasado, dando inicio a una historia que nos permitirá conocer a vampiros de todos los estamentos sociales. Si la necesidad de sangre se vuelve demasiado fuerte, tocará planear una cacería nocturna para buscar a alguien que nadie vaya a echar de menos, evitando generar suspicacias entre los vecinos.

En cierto modo, este título parece jugar desde su propia premisa con la ausencia de licencia de Vampiro: la Mascarada, que ya tuvo su propia trilogía de novelas visuales, aunque es al mismo tiempo su mayor referente. Prácticamente todas las historias que nos encontramos indagan en la pregunta: “¿Qué sucedería si los vampiros tuvieran una existencia normal y corriente en nuestro mundo?”. Incluso con sus dosis de fantasía, Nighthawks apuesta por entrar a cuchillo en problemas sociales existentes en la sociedad y amplificarlos con la presencia de vampiros: los grupos fascistas se organizan ahora en torno a su odio contra los chupasangres, la pobreza se ceba con vampiros que deben acudir a comedores para recibir sangre aguada, la riqueza generacional aprovecha centenares de años de vida para alardear en público su posición en las altas esferas…

Para expandir estas ideas, el juego hace uso de un clásico de los RPG: los compañeros. Tenemos una decena de personajes que aprovechan sus poderes vampíricos de forma muy distinta: Madame Lux cumple su sueño de dedicarse a la magia y el espectáculo, Maze ha fundado una secta de adeptos que esperan ser convertidos, Agatha es un espíritu libre que aprovecha su buena relación con las ratas para moverse por los bajos fondos… También hay compañeros no convertidos, como el detective privado Domino, que nos servirán para llegar allí donde los vampiros no pueden: ni las cámaras ni los micrófonos recogen nuestra presencia, así que sin Domino será imposible hablar por un interfono. El cuidado por este tipo de pequeños detalles ha conseguido sacarme más de una sonrisa a lo largo de mi partida.

Una de las ideas con las que trabaja muy bien Nighthawks es con la idea de que “inmortal no significa inmune al dolor”. Si perdemos la vitalidad nos toca arrastrarnos de vuelta al piso decadente en el que malvivimos y perderemos toda la noche, e incluso puede que nos llevemos una penalización en forma de herida. Para eliminarla debemos acudir a nuestro médico vampírico de cabecera, que tiene su cuerpo completamente abrasado y lleva décadas aprendiendo a tolerar un dolor casi inaguantable, lo cual no le impide operar con precisión cuando necesitamos ayuda (a cambio de un cadáver fresco o de un buen dinero, eso sí). Los humanos también son conscientes de este extremo: cuando quieran castigarnos, no intentarán eliminarnos, sino someternos a torturas físicas.

Hay bastantes aspectos en los que Nighthawks tiene margen de mejora: los Compañeros no intervienen lo suficiente en ls conversaciones, la parte RPG no está suficientemente desarrollada -apenas hay opciones para mejorar estadísticas más allá de llevar al Compañero adecuado o cambiar de equipamiento- y se pierde bastante tiempo revisitando conversaciones en busca de alguna línea nueva de diálogo debido a que la interfaz de usuario no es suficientemente clara. A pesar de que existen límites de tiempo, son tan poco estrictos que es complicado encontrarlos incluso si intentamos resolver todas las secundarias a las que tenemos acceso. Nada grave, pero en estos detalles se hace notar de más la reducida escala del proyecto.

Incluso con estas limitaciones, Nighthawks sabe jugar sus cartas para sumergirnos de lleno en su ambientación. No es la aventura vampírica definitiva, pero sabe centrar su atención en temáticas que no encajarían del todo en la Mascarada para construir su propia visión de la mitología de los chupasangre. El resultado no es perfecto, pero tiene elementos de sobra para convencer a quien busque una novela visual que explore con habilidad el canon de los vampiros, sabiendo cuándo le conviene alejarse para encontrar su propio camino.

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