Un ganadero alavés revisó su cámara de fototrampeo el pasado diciembre. Buscaba ginetas, tejones o gatos monteses en la parcela que tiene en Campezo. Y encontró oro biológico. Las inconfundibles orejas pinceladas y las patillas lo dejan bien claro: el vídeo en cuestión muestra durante unos segundos la presencia de un lince en plena noche. Un turista del sur. La asociación Hontza Natura Elkartea difundió la imagen y los despachos ecologistas arquearon la ceja: hacía más de cien años que no pasaba algo así. El lince boreal habitó las sierras de Aitzkorri-Aratz, el macizo del Gorbea o Valdegovía a principios del siglo veinte. Pero este es distinto, es un Lynx pardinus, lince ibérico puro y duro. El mismo que se está intentando reintroducir en la Comunidad Valenciana. Y porta un collar radiotransmisor. Al parecer, proviene directamente del sur de la península ibérica, cruzando media España sin billete de tren —no en vano pueden recorrer hasta veinticinco kilómetros diarios—. De ahí que esta presencia en Álava marque un hito biológico brutal… y que abra una grieta en el debate sobre la recuperación de la fauna salvaje. Esquivando la extinción. Fue por los pelos y literalmente. Quedaban menos de cien ejemplares a principios de los 2000 y hoy superan los 2.700. El Ministerio para la Transición Ecológica (MITECO) sacaba pecho ante Europa con sus censos oficiales, constando de ejemplares en Zaragoza, Palencia o Cuenca. La WWF España celebró también el éxito del programa Iberlince. Los ejemplares soltados en Andalucía, Castilla-La Mancha y Extremadura han sabido asentarse. Y la expansión natural hacia Aragón o la meseta norte demuestra la adaptabilidad felina. Sin embargo, este cuento de Disney con final feliz también debe leerse desde la sociología rural. Porque este felino depende casi exclusivamente del conejo de monte. El 90% de su dieta. Enfermedades, como la mixomatosis o la hemorrágica vírica diezmaron su población. 212 murieron por atropellos. Y, cuando el hambre aprieta, el animal buscará nuevos territorios. Ahí empieza el verdadero problema. En algún momento, la gente pondrá al lince en la diana. Precioso y problemático. PACMA advirtió del riesgo. Los animalistas denuncian muertes por atropello y exigen pasos de fauna urgentes y eficaces. Ecologistas en Acción señaló otro enemigo: la caza ilegal y furtiva. Los lazos, el veneno y los disparos matan a decenas de felinos al año. Fundación Artemisan, voz del sector cinegético, defiendía otra postura: que los cazadores tengan control absoluto sobre la depredación en sus cotos. Cuando el conejo escasea, el lince compite directamente con las escopetas. El relato escolar ha revestido al lince de simpatía. Goza de buena prensa, con esa mirada ambarina que enternece. Pongamos como ejemplo el odio cerval que sufren el lobo o el oso pardo. Las manifestaciones de ganaderos contra el lobo han llegado a paralizar carreteras en Cantabria —aunque el relato cambia poco a poco–. El oso, en los Pirineos y la cordillera cantábrica, cae incluso peor. Al fin y al cabo, el lince pesa menos de quince kilos, es huidizo y rara vez ataca al ganado mayor o a los terneros, conformándose con perdices, conejos y, si hay suerte, alguna gallina despistada. Un precedente cercano. El jabalí protagoniza el mejor ejemplo en España. Hace un par de décadas, ver un jabalí alegraba el día al senderista dominguero. Hoy afectan a los cultivos de la meseta y causan accidentes mortales en carreteras secundarias, convirtiéndose en un drama urbano. La Generalitat de Catalunya declaró emergencias cinegéticas constantes por sobrepoblación. Así que el animal pasó de ser un cerdo majestuoso a plaga oficial y destructiva. Desde hace un lustro se ejecutan batidas. Alemania sufrió una metamorfosis idéntica con el lobo gris. Los políticos celebraron su retorno como un triunfo ecológico sin precedentes y los urbanitas berlineses diseñaron campañas de bienvenida, hasta que los pastores de la Baja Sajonia sufrieron las consecuencias directas. Partidos verdes y conservadores alemanes debaten ahora abiertamente cuotas de caza letal. Canadá vio cómo las poblaciones de pumas y osos negros se multiplicaban cerca de zonas residenciales de alto poder adquisitivo, donde ciudades como Vancouver o Banff celebran su conexión mística con la naturaleza, hasta que empezaron a atacar a mascotas, a dar sustos a niños en parques públicos y a colarse en jardines. La sombra del lince ibérico. Viendo cómo se expande, con Álava como punta de la lanza, la pregunta es si más allá del macizo del Gorbea empezarán a colarse en fincas privadas con mayor asiduidad, si cazarán aves de corral y atacarán pequeñas explotaciones cunícolas. Hontza Natura Elkartea documentó el hallazgo pero Euskadi carece de un plan de reintroducción oficial para esta especie. Y queremos naturaleza salvaje y vibrante, sí, pero lejos de nuestro garaje, sin riesgos personales. Imagen | Flickr (Gerardo González Fernández) En Xataka | La caza del lobo en toda España dependía de un botón rojo que cambia su estatus. Y Europa ha decidido pulsarlo En Xataka | Hemos logrado que los lobos gigantes vuelvan tras 10.000 años extintos. El problema es que "vuelvan" quizá no sea la palabra correcta (function() { window._JS_MODULES = window._JS_MODULES || {}; var headElement = document.getElementsByTagName('head')[0]; if (_JS_MODULES.instagram) { var instagramScript = document.createElement('script'); instagramScript.src = 'https://platform.instagram.com/en_US/embeds.js'; instagramScript.async = true; instagramScript.defer = true; headElement.appendChild(instagramScript); } })(); - La noticia El lince en España está creciendo a tal velocidad que ha aparecido en un sitio inesperado: Euskadi fue publicada originalmente en Xataka por Isra Fdez .

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