El estudio muestra que este flujo de salida procedente del cuásar J2318 no solo tiene una velocidad asombrosa, sino que además conserva huellas químicas visibles en un entorno de radiación extremadamente intensa, lo que dificulta a los teóricos explicar cómo puede seguir siendo observable mientras se acelera hasta velocidades relativistas.

Según se informó, J2318 se encuentra en la región del “Gran Cuadrado” de Pegaso y es un cuásar típico, cuyo agujero negro central tiene una masa de aproximadamente 1.700 millones de veces la del Sol; pero lo verdaderamente extraordinario es el viento de gas que expulsa en dirección a la Tierra, que atraviesa el espacio cósmico a cerca del 30% de la velocidad de la luz. Patrick Hall, miembro del equipo y profesor de la Universidad de York, señaló que no es raro observar en los cuásares vientos de gas impulsados por radiación, pero que nunca antes se había observado en la banda ultravioleta un flujo de salida de una velocidad tan alta, lo que convierte a J2318 en el “miembro más rápido” del registro actual de vientos ultravioletas de cuásares.

Lucas Seaton, primer autor del estudio, indicó que, si se compara con el clima terrestre, la “categoría” de este viento gaseoso equivaldría a un “huracán de categoría 79”, y que por cada aumento de una “categoría” la velocidad del viento se incrementa aproximadamente un 20%; esta vívida metáfora subraya su velocidad extrema y su poder destructivo. Aunque en la banda de rayos X se han descubierto flujos de salida aún más veloces, J2318 mantiene el récord en observaciones ultravioletas, y su enorme luminosidad e intensa radiación lo convierten en un laboratorio ideal para estudiar la relación entre la actividad de los agujeros negros y la evolución de las galaxias.

El descubrimiento también revela un importante problema físico: lo que impulsa el gas hasta velocidades tan elevadas es precisamente el enorme flujo de fotones liberado por el propio cuásar, pero esa misma radiación puede arrancar electrones de los átomos y hacer que los iones de elementos como el carbono y el silicio pierdan sus rasgos espectrales identificables. Sin embargo, en el espectro de J2318, los investigadores observaron con claridad líneas de absorción de iones de carbono y silicio que se mueven a velocidades relativistas, lo que significa que el gas conserva parte de sus electrones durante el proceso de aceleración bajo intensa radiación, planteando a las teorías actuales el nuevo desafío de explicar “cómo acelerar el gas hasta el 30% de la velocidad de la luz sin ionizarlo por completo”.

Este flujo de salida récord no procede de un programa de observación completamente nuevo, sino que fue “extraído” de los datos acumulados durante largo tiempo por el Sloan Digital Sky Survey (SDSS). La estudiante de la Universidad de York Mariana Veltri identificó ya durante sus estudios de grado las características espectrales anómalas de J2318; posteriormente, Hall utilizó software desarrollado por el estudiante de grado Zhu Zezhou para realizar un análisis adicional, confirmó que presentaba una rara señal de flujo de salida de alta velocidad y solicitó rápidamente observaciones de seguimiento con el telescopio Gemini Norte Frederick C. Gillett, de 8 metros de diámetro, ubicado en Hawái, lo que finalmente confirmó su velocidad récord del viento.

Hall explicó que, del mismo modo que un arcoíris descompone la luz solar en distintos colores, los espectrógrafos del Sloan Digital Sky Survey descomponen la luz de estrellas, galaxias y cuásares en espectros detallados, a partir de los cuales pueden identificarse objetivos anómalos. Subrayó que los grandes proyectos de cartografiado del cielo y las herramientas modernas de procesamiento de datos están cambiando el modo de descubrir objetos: hallazgos que antes solo podían realizar doctores o estudiantes de posgrado ahora también pueden ser logrados por estudiantes de grado entre enormes volúmenes de datos espectrales, aportando nueva energía a la investigación astrofísica.

El equipo de investigación señaló que la importancia de los vientos de cuásares va mucho más allá de un solo agujero negro. Cada vez más evidencias muestran que los fuertes vientos de los agujeros negros pueden desempeñar un papel clave en la evolución de las galaxias al calentar el gas galáctico, inhibir o desencadenar la formación de estrellas y redistribuir materia a escalas enormes. La coautora Paula Rodríguez Hidalgo, investigadora de la Universidad de Washington en Bothell, afirmó que este tipo de flujos de salida extremos podría ser el eslabón perdido durante mucho tiempo entre la “retroalimentación de los agujeros negros” en los modelos teóricos y la evolución global de las galaxias; aunque estos procesos llevan años incorporados a las simulaciones de formación galáctica, aún se necesita mucho trabajo para restringir y corregir con precisión esos modelos mediante observaciones.

Actualmente, el equipo intenta seguir buscando flujos de salida ultravioletas similares o incluso más rápidos en el universo a distintas distancias y en distintas épocas, pero sistemas como J2318 parecen ser extremadamente raros, y aun entre décadas de datos observacionales apenas se encuentran objetos que puedan igualarlo en velocidad. Aun así, cada descubrimiento de un viento de cuásar tan extremo ayuda a los científicos a acercarse un poco más a los límites que pueden alcanzar los agujeros negros supermasivos y a esclarecer cómo estos “motores cósmicos” moldean el destino de las galaxias que los albergan a lo largo de escalas temporales de miles de millones de años.

El artículo de investigación, titulado “Un nuevo miembro de la familia rápida y feroz: un flujo de salida ultravioleta relativista y variable en el tiempo en un cuásar de alta luminosidad”, fue publicado el 4 de junio de 2026 en The Astrophysical Journal, y proporciona un punto de referencia observacional clave para futuras teorías y simulaciones numéricas relacionadas. Como señaló la coautora Liliana Flores, no será fácil encontrar en la banda ultravioleta un flujo de salida más rápido que el de J2318, pero el equipo continuará la búsqueda desde el universo cercano hasta las profundidades del universo observable, con la esperanza de ampliar aún más el conocimiento humano sobre los agujeros negros y su enorme influencia.

Extracted and lightly reformatted for readability. · AI translated