Las obras de depuración del agua del famoso estanque reflectante situado a los pies del Monumento a Lincoln, en Washington, se están convirtiendo en una pesadilla política para Donald Trump, quien se ha implicado personalmente en ellas. Esto pone en tela de juicio sus competencias fundamentales: las de un magnate inmobiliario que se supone que sabe construir "una piscina", pero ha terminado denunciando actos vandálicos (y amenazando con cárcel) para explicar el fracaso con la obra.

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