Desde 2023, la Unión Europea impulsa una legislación para prohibir la importación de productos vinculados a la deforestación en cualquier parte del mundo. Aunque la norma comenzó con una lista ambiciosa de productos regulados, ha sufrido varias modificaciones con el paso del tiempo. La más reciente propone excluir el cuero de las restricciones, pese a que la carne del mismo animal sí seguiría regulada. El cambio reabre el debate sobre hasta qué punto la UE está flexibilizando una de sus leyes ambientales más emblemáticas.
La Unión Europea estudia excluir el cuero de su histórica ley contra la deforestación, pese a que sí mantendría restricciones sobre la carne del mismo ganado. La propuesta ha desatado críticas de organizaciones ecologistas y reabre el debate sobre hasta qué punto la presión de los lobbies industriales está debilitando una de las normas ambientales más ambiciosas del bloque.
Cada vez que alguien consume carne, café o chocolate podría estar financiando indirectamente la destrucción de bosques tropicales. Para frenarlo, la UE aprobó en 2023 el Reglamento sobre Productos Libres de Deforestación (EUDR, por sus siglas en inglés), una ley pionera que prohíbe importar productos vinculados a zonas deforestadas en cualquier parte del mundo.
La norma se convirtió rápidamente en la joya de la corona del Pacto Verde Europeo, pero también en un foco de tensiones políticas y comerciales. Lo que comenzó como una legislación considerada inamovible ha ido modificándose bajo la presión de sectores industriales y socios comerciales internacionales.
La lista original regulaba siete productos: ganado bovino, cacao, café, palma aceitera, caucho, soja y madera. También incluía algunos derivados como cuero, chocolate, neumáticos, libros y productos impresos.
Sin embargo, la aplicación de la ley ya ha sido retrasada dos veces, hasta diciembre de 2026. Además, la UE eliminó los productos impresos de las restricciones. El cambio más reciente llegó el 4 de mayo de 2026, cuando la Comisión Europea publicó un borrador que propone excluir el cuero y los neumáticos recauchutados, mientras incorpora otros productos como el café soluble y derivados específicos del aceite de palma.
La propuesta más polémica es precisamente la exclusión del cuero. Con argumentos muy similares a los defendidos por la industria, la Comisión sostiene que la piel de vaca tiene un valor comercial mucho menor que la carne y que existe una “asimetría en los flujos comerciales” que dificulta exigir información detallada sobre el origen del producto.
Según Bruselas, incluir el cuero generaría un “enfoque fragmentado e incoherente” para el sector y no detendría necesariamente la deforestación, sino que podría desplazar el problema hacia otros mercados.
Pero organizaciones ambientalistas rechazan ese razonamiento. Earthsight, por ejemplo, insiste en que el cuero sí representa un mercado significativo. Fyfe Strachan, responsable de Políticas y Comunicación de la organización, señala que la UE es el segundo mercado para las exportaciones de cuero de Brasil y el primero para Paraguay.
“Si el cuero queda excluido del Reglamento, se producirá una situación muy extraña en la que la carne del ganado estará sujeta a la ley, pero la piel de esa misma vaca no lo estará. Es una cadena de acontecimientos bastante ilógica”, explicó Strachan a France 24.
Las curtidurías europeas responden que otros derivados bovinos, como la leche o el colágeno, tampoco están regulados. COTANCE, el principal organismo que representa a la industria del cuero en Europa, asegura además que la piel vacuna no es un factor determinante en la deforestación y cita investigaciones de la Universidad de Pisa.
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Sin embargo, otros estudios llegan a conclusiones opuestas y la propia Comisión Europea reconoce que existe un vínculo entre el cuero y la destrucción de bosques. Según datos citados por Earthsight, el consumo europeo de cuero provoca cada año la deforestación de unas 40.000 hectáreas, una superficie similar al tamaño de la ciudad de Medellín.
La organización también documentó cómo cuero procedente de ganado criado ilegalmente en zonas deforestadas de Brasil terminó entrando en el mercado europeo. Algunas de esas áreas estaban ubicadas en territorios indígenas invadidos o en regiones devastadas de El Chaco paraguayo.
Detrás del cambio también aparece la intensa presión de la industria europea del cuero, especialmente en Italia, donde se concentran algunas de las mayores curtidurías del continente.
Earthsight asegura que representantes del sector mantuvieron reuniones frecuentes con la Comisión Europea y con eurodiputados durante los últimos años. Solo en 2025 se habrían producido encuentros de alto nivel con legisladores de distintos países, incluidos miembros de la extrema derecha europea.
Según Strachan, también existió un lobby coordinado desde Italia que culminó con una carta enviada por el Gobierno italiano a Bruselas solicitando excluir el cuero de la regulación.
Poco después apareció el borrador que propone retirar este producto del reglamento europeo contra la deforestación.
El texto todavía está abierto a consultas públicas hasta el 1 de junio de 2026 y posteriormente la Comisión redactará la versión final. Sin embargo, los cambios no requieren una nueva votación del Parlamento Europeo ni del Consejo de la UE porque no se trata de una modificación directa de la ley, sino de un reglamento complementario.
Si la propuesta sigue adelante, productos de cuero vinculados a la deforestación podrían seguir entrando libremente en Europa, mientras la UE mantiene restricciones sobre otros derivados del mismo ganado. Para organizaciones ecologistas, esa contradicción amenaza con debilitar una de las leyes verdes más ambiciosas impulsadas por el bloque europeo.
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