Actualizado Viernes, 16 octubre 2026 - 22:38
"Es la suma de falsas acusaciones y falsos testimonios en mi contra. Me declaro inocente". El bloc de notas del abogado Nizar El Fakih no sólo recoge las declaraciones textuales que Nicolás Maduro realizó el pasado jueves cuando el juez Alvin Hellerstein le preguntó por la nueva acusación, conspiración para cometer torturas, que la Fiscalía estadounidense ha añadido a su caso.
El jurista venezolano ha seguido en persona todas las audiencias efectuadas durante los 10 meses transcurridos desde la captura y traslado del dictador a Nueva York. El Maduro de octubre "está mejor físicamente, más repuesto, pero inquieto. Tuvo la intención de dar un discurso (como los miles con los que castigó al pueblo venezolano durante su presidencia), pero el juez no le permitió articular. Estaba ansioso, se volteaba constantemente buscando hablar con sus abogados", explicó a EL MUNDO este abogado.
Le sobraban los motivos para tanta inquietud, porque miles de fantasmas inesperados le acechan. Las torturas, tantas veces negadas con la boca pequeña por la propaganda revolucionaria, han perseguido a Maduro hasta su celda neoyorquina cuando se cumplen ocho años de las practicadas contra el concejal opositor Fernando Albán en la sede del Servicio Bolivariano de Inteligencia (SEBIN), que acabaron con su vida. El opositor murió a manos de los agentes revolucionarios, que arrojaron su cuerpo desde el décimo piso del edificio policial para simular un suicidio, la tesis del fiscal chavista que fue defendida en su día por el ex presidente español José Luis Rodríguez Zapatero.
El caso de Albán es emblemático, pero el dossier de las torturas chavistas es tan enorme que se necesitarían periódicos enteros para reflejarlas todas. En la acusación de la Fiscalía sólo aparecen, de momento, nueve acusaciones, entre ellas de algunos rehenes estadounidenses. Como el caso de "víctima 8", como aparece en el sumario, capturado cuando acudió en 2023 a visitar a familiares en Venezuela. Sufrió golpes tan fuertes que le lesionaron la espalda, además descargas eléctricas, traslados con el cañón de una pistola en la boca y la confesión de sus torturadores: salvó su vida porque un jerarca chavista decidió que sirviera de moneda de cambio con Washington.
Dibujo que muestra al depuesto líder venezolano Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores.EFE
Naciones Unidas, la Corte Penal Internacional, Amnistía Internacional y distintas organizaciones venezolanas han recogido testimonios y pruebas que desnudan las torturas como una práctica sistemática y masiva de las fuerzas de seguridad. Leer sus informes es lo más parecido a una bajada a los infiernos revolucionarios.
"Una persona homosexual detenida en (la prisión de) Tocuyito entre agosto y septiembre de 2024 (operación terror tras el fraude de las elecciones presidenciales) fue desnudado y violado analmente por un comandante durante 25 minutos. Mientras era golpeado y sometido a insultos feminizantes, una funcionaria grababa la agresión en presencia de otros custodios. Durante la violación, el comandante le dijo a la víctima que le iba a transmitir el VIH. La víctima recibió un diagnóstico positivo cuatro semanas después", denunció en su último informe la Misión de Determinación de Hechos de la ONU.
En el mismo penal ha cumplido nueve años encarcelado Jorge Alayeto, el más antiguo de los presos hispanovenezolanos. El comerciante no solo sufrió torturas, también presenció cómo los agentes chavistas maltrataban a su sobrino para obligarle a firmar una confesión falsa. Durante el juicio, el único acusador contra Alayeto fue precisamente su torturador.
"Una mujer detenida en 2018 en la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM) de Boleíta fue amarrada desnuda a un pilar durante horas, sometida a tocamientos íntimos y descargas eléctricas en los senos. Según su testimonio, funcionarios habrían introducido un rifle en su vagina. Su pareja, detenido el mismo día, relató haber sido sometido a descargas eléctricas en los genitales y mantenido desnudo en condiciones de extremo frío", añade el mismo informe de la ONU.
Descargas eléctricas por todo el cuerpo, en especial en los genitales (la Corte Penal Internacional ha incluido las violaciones sexuales como crimen de lesa humanidad en el expediente venezolano); asfixia mecánica con bolsas de plástico (rellenas de gas pimienta o insecticida); palizas sistemáticas con el cuerpo guindado (colgado) y espacios diseñados para el aislamiento y la tortura psicológica, que ya forman parte, entre otras muchas, del calvario sufrido por civiles y militares en Venezuela. La "tumba", el "sarcófago", la "cápsula del tiempo" o la "casa de los sueños", habitáculos mínimos para el castigo que mezclan frío o calor extremos, privación del sueño y otras maldades, ya compiten por encabezar el ránking en el museo de los horrores del chavismo.
"La acusación por torturas agrega una nueva dimensión al caso, ya que este delito, a diferencia de los anteriores, fue presentado conjuntamente con víctimas, que ya se han identificado. La Fiscalía busca que las víctimas sean testigos en el proceso, para que el jurado del juicio pueda escuchar de viva voz lo que vivieron. Será un elemento estratégico de mucha contundencia, muy persuasivo", concluyó para este periódico El Fakih.
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