Dos movimientos estratégicos han situado a Mapfre en una posición de fortaleza financiera para afrontar el impacto de la guerra en Irán. Ambos se hicieron a principios de año, antes de que Israel y Estados Unidos lanzaran el ataque que ahora tiene a los mercados en vilo. La aseguradora se preparó para una crisis que todavía no existía y hoy se felicita por esta capacidad de anticipación, que atribuye a la máxima de prudencia que impera en el grupo.

El primero de estos pasos fue la emisión en enero de 1.000 millones de euros en deuda sénior, dividida en dos tramos de 500 millones con plazo a 2032 y a 2036. Con esta operación, la aseguradora se adelantó a las necesidades que se iban a producir al vencimiento de un bono de 2016, previsto para mayo de este año.

Aunque el efecto inmediato de la nueva colocación es el incremento de la ratio de deuda hasta el 26,4% (el propósito de la entidad es contar con un apalancamiento sobre patrimonio del 24%), gracias a esta apuesta Mapfre ha podido "evitar la volatilidad del conflicto en Oriente Próximo y acceder a una financiación mucho más barata que la que se podría conseguir hoy", apuntó José Luis Jiménez, director general financiero del grupo.

"Anticiparnos fue una decisión acertada", consideró el directivo en la presentación de los resultados del primer trimestre. "De hecho, esta operación se realizó a un tipo de interés medio del 3,4%, que podría elevarse hasta un 3,8% o 4% en las condiciones actuales de mercado", ahondó Jiménez.

La otra acción que ha contribuido a una mayor tranquilidad de la aseguradora a la hora de abordar la coyuntura actual tiene que ver con la exposición a la renta variable. También antes de que explotara la guerra, Mapfre recortó algo el perfil de riesgo de la cartera de inversión, al rebajar el peso de las acciones dentro del portfolio, afirmó el director general financiero.

La entidad buscaba sacar partido del repunte de los valores en Bolsa, a la vez que adoptaba una postura más conservadora en una cartera que, ya de por sí, es de las más prudentes entre las aseguradoras cotizadas en Europa, enfatizó Jiménez. "Aprovechamos el buen momento de enero y febrero para ir reduciendo un poco la exposición a la renta variable", agregó. Y a la postre esta maniobra se ha convertido en un salvoconducto ante los vaivenes del mercado.

"Los problemas en Oriente Próximo no eran algo que nosotros podíamos prever", expuso Jiménez, pero "la filosofía de gestión prudente que tiene el grupo" ha inspirado decisiones que después se han comprobado beneficiosas para afrontar la crisis actual, planteó.

Eso sí, esto no significa que la aseguradora no esté pendiente de la evolución de las consecuencias del conflicto. Hay factores que no dependen de la entidad y que pueden golpearla de lleno. El principal, el rebote de los precios. Mapfre "monitoriza especialmente el impacto que puede tener la subida de la inflación sobre los costes", corroboró el vicepresidente, José Manuel Inchausti. Y en este punto, no descarta que vaya a ser necesario tomar más medidas.

La diversificación de la actividad del grupo -geográfica y de producto- y la rentabilidad técnica en la que se ha avanzado en los últimos años -hasta contar a cierre de marzo con una ratio combinada (siniestralidad y gastos de gestión respecto a primas) del 93,2%-, otorgan a Mapfre "una posición de partida bastante sólida", hizo hincapié el vicepresidente.

"No obstante, si viéramos que los efectos económicos de la actual situación geopolítica afectan de manera clara a la inflación, pues tendríamos que adecuar nuestro precio; incorporar a nuestra tarificación rápidamente esas variaciones de inflación que hubiera. Cosa para la cual estamos también bastante bien preparados", añadió Inchausti.

Con todo, "el sector asegurador es bastante defensivo y en cierta medida, contracíclico. Si el conflicto es corto, el impacto se puede digerir", defendió Jiménez. Y de ahí que Mapfre no haya encontrado motivos todavía para alterar los grandes objetivos -revisados al alza el pasado marzo- que persigue el plan estratégico del grupo a fin de 2026: un aumento anual promedio de las primas del 6% (a tipos de cambio constantes), un ROE (retorno sobre fondos propios) del 13% y una ratio combinada en el rango del 93% y al 94%. "Nos ratificamos en los tres compromisos", subrayó Inchausti.

Redunda en esta confianza la perspectiva sobre la cotización de las divisas. En el primer cuarto del año el efecto cambiario ha restado dos puntos porcentuales de crecimiento a los ingresos por primas (hasta los 8.394 millones de euros), según la aseguradora. Sin embargo, Mapfre ya está observando que el impacto negativo "empieza a moderarse", apuntó el vicepresidente. Y esto, "permite encarar los próximos trimestres con mayor confianza en la evolución del negocio", concluyó.

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