Estados Unidos quiere convertir en ley su cerrojazo al automóvil chino antes de que termine 2026. El problema es que el texto que está sobre la mesa es tan amplio que podría terminar afectando incluso a Mercedes-Benz, uno de los fabricantes europeos con mayor presencia industrial y comercial en el país norteamericano. La clave está en un porcentaje: el 15%. La propuesta estadounidense contempla restricciones para compañías que estén participadas por entidades chinas por encima de ese 15%. Y si sumamos sus dos principales accionistas chinos, Mercedes lo supera, pese a que ninguno de ellos controla la compañía alemana. Claves de la propuesta estadounidense La legislación pretende convertir en permanente el bloqueo estadounidense a los vehículos conectados vinculados a China BYD, Chery y SAIC están expresamente entre los fabricantes que Washington quiere mantener fuera El umbral propuesto del 15% puede afectar también a fabricantes occidentales con accionistas chinos BAIC posee el 9,98% de los derechos de voto de Mercedes-Benz y Li Shufu controla otro 9,69% El texto todavía puede modificarse para excluir casos como el de Mercedes Nuevo Mercedes-Benz Clase C Estate. La ley contra BYD y SAIC podría llevarse por delante a Mercedes La "Alliance for Automotive Innovation", la principal patronal estadounidense del automóvil y representante de General Motors, Ford, Toyota, Volkswagen, Hyundai, Honda, Stellantis y otros grandes fabricantes, ha pedido al Congreso que apruebe antes de terminar el año una legislación que haga permanente el bloqueo a los vehículos chinos. Su argumento combina protección industrial y seguridad nacional. Se trata de impedir que BYD, Chery, SAIC y otros fabricantes chinos repitan allí la expansión que están protagonizando en Europa. Pero también hay, supuestamente, miedo al espionaje. Washington lleva tiempo advirtiendo sobre los riesgos de los vehículos conectados, capaces de utilizar Wi-Fi, comunicaciones móviles, conexiones por satélite, Bluetooth y otros sistemas para recibir actualizaciones de software a distancia. El temor de los estadounidenses es que determinados fabricantes, o proveedores de comunicaciones, puedan recopilar información sensible y/o tener capacidad de acceso sobre los vehículos de los estadounidenses. Por eso, las restricciones van mucho más allá del lugar de fabricación (como está haciendo la UE) y alcanzan al software, el hardware y, sobre todo, a quién posee la compañía que lo vende. Y ahí comienza el problema con Mercedes. Un límite del 15% que no hace distinciones Con el texto actual, una compañía occidental podría verse afectada por la legislación simplemente porque una parte suficientemente grande de su capital pertenece a inversores chinos. El grupo BAIC posee actualmente el 9,98% de los derechos de voto de Mercedes-Benz, lo que lo convierte en su mayor accionista individual. Por otra parte, Li Shufu, fundador de Geely, controla otro 9,69% a través de Tenaciou3 Prospect Investment Limited. En conjunto, dos inversores chinos poseen alrededor del 19,7% de Mercedes-Benz El senador Ted Cruz ya ha advertido de que ese límite podría impedir a Mercedes vender coches en Estados Unidos. Esto es inconcebible, por eso el Congreso ya está estudiando cambios para evitar consecuencias de este tipo. Expulsar a Mercedes no tiene sentido, y no va a ocurrir Evidentemente Mercedes no va a ser expulsada de Estados Unidos. Mercedes no solo es una de las marcas extranjeras favoritas de los estadounidenses, también es una fabricante con una presencia muy importante en el país. Mercedes lleva casi 30 años fabricando coches en Alabama La compañía alemana cuenta con una enorme fábrica en Tuscaloosa, Alabama, inaugurada en 1997. De allí han salido ya más de cuatro millones de vehículos y actualmente se producen SUV grandes como los Mercedes GLE, GLE Coupé, GLS, Mercedes-Maybach GLS, EQE SUV y EQS SUV. La compañía dispone además de producción de baterías. Es decir, una legislación diseñada en parte para proteger la industria estadounidense podría terminar afectando a coches fabricados en Estados Unidos por trabajadores estadounidenses simplemente por un fallo de cálculo. Por eso es muy probable que el texto termine añadiendo algún tipo de excepción para diferenciar entre una compañía controlada realmente desde China y otra donde existen inversiones chinas consideradas pasivas -caso de Mercedes-Benz-. BYD, Chery y SAIC sí están directamente en el punto de mira La patronal estadounidense ha pedido expresamente que el Departamento de Comercio no pueda conceder autorizaciones especiales a fabricantes como BYD, Chery o SAIC Motor para fabricar, vender o importar vehículos conectados en Estados Unidos. Washington pretende impedir que fabricantes chinos puedan entrar, ni siquiera aunque fabriquen vehículos dentro del propio país El objetivo sería consolidar las restricciones que ya han ido cerrando el mercado estadounidense a vehículos y tecnologías vinculadas a China. Mientras la Unión Europea ha respondido a la expansión de los eléctricos chinos mediante aranceles compensatorios (solo a los eléctricos), Estados Unidos está construyendo algo así como una barrera de entrada permanente. Estados Unidos no está intentando únicamente proteger a Ford, General Motors o Tesla mediante aranceles, sino levantar un muro regulatorio para impedir que la industria china del automóvil pueda establecerse en el país. El problema es que la muralla sea tan alta que ni siquiera un apuesto alemán pueda saltarla.
Estados Unidos quiere prohibir los coches chinos y cerrar la puerta a BYD y SAIC. El problema es que la ley también dejaría fuera a Mercedes-Benz
Estados Unidos quiere convertir en ley su cerrojazo al automóvil chino antes de que termine 2026. El problema es que el texto que está sobre la mesa es tan amplio que podría terminar afectando incluso a Mercedes-Benz, uno de los fabricantes europeos con mayor presencia industrial y comercial en el país norteamericano. La clave está en un porcentaje: el 15%. La propuesta estadounidense contempla restricciones para compañías que estén participadas por entidades chinas por encima de ese 15%. Y si sumamos sus dos principales accionistas chinos, Mercedes lo supera, pese a que ninguno de ellos controla la compañía alemana. Claves de la propuesta estadounidense La legislación pretende convertir en permanente el bloqueo estadounidense a los vehículos conectados vinculados a China BYD, Chery y SAIC están expresamente entre los fabricantes que Washington quiere mantener fuera El umbral propuesto del 15% puede afectar también a fabricantes occidentales con accionistas chinos BAIC posee el 9,98% de los derechos de voto de Mercedes-Benz y Li Shufu controla otro 9,69% El texto todavía puede modificarse para excluir casos como el de Mercedes Nuevo Mercedes-Benz Clase C Estate. La ley contra BYD y SAIC podría llevarse por delante a Mercedes La "Alliance for Automotive Innovation", la principal patronal estadounidense del automóvil y representante de General Motors, Ford, Toyota, Volkswagen, Hyundai, Honda, Stellantis y otros grandes fabricantes, ha pedido al Congreso que apruebe antes de terminar el año una legislación que haga permanente el bloqueo a los vehículos chinos. Su argumento combina protección industrial y seguridad nacional. Se trata de impedir que BYD, Chery, SAIC y otros fabricantes chinos repitan allí la expansión que están protagonizando en Europa. Pero también hay, supuestamente, miedo al espionaje. Washington lleva tiempo advirtiendo sobre los riesgos de los vehículos conectados, capaces de utilizar Wi-Fi, comunicaciones móviles, conexiones por satélite, Bluetooth y otros sistemas para recibir actualizaciones de software a distancia. El temor de los estadounidenses es que determinados fabricantes, o proveedores de comunicaciones, puedan recopilar información sensible y/o tener capacidad de acceso sobre los vehículos de los estadounidenses. Por eso, las restricciones van mucho más allá del lugar de fabricación (como está haciendo la UE) y alcanzan al software, el hardware y, sobre todo, a quién posee la compañía que lo vende. Y ahí comienza el problema con Mercedes. Un límite del 15% que no hace distinciones Con el texto actual, una compañía occidental podría verse afectada por la legislación simplemente porque una parte suficientemente grande de su capital pertenece a inversores chinos. El grupo BAIC posee actualmente el 9,98% de los derechos de voto de Mercedes-Benz, lo que lo convierte en su mayor accionista individual. Por otra parte, Li Shufu, fundador de Geely, controla otro 9,69% a través de Tenaciou3 Prospect Investment Limited. En conjunto, dos inversores chinos poseen alrededor del 19,7% de Mercedes-Benz El senador Ted Cruz ya ha advertido de que ese límite podría impedir a Mercedes vender coches en Estados Unidos. Esto es inconcebible, por eso el Congreso ya está estudiando cambios para evitar consecuencias de este tipo. Expulsar a Mercedes no tiene sentido, y no va a ocurrir Evidentemente Mercedes no va a ser expulsada de Estados Unidos. Mercedes no solo es una de las marcas extranjeras favoritas de los estadounidenses, también es una fabricante con una presencia muy importante en el país. Mercedes lleva casi 30 años fabricando coches en Alabama La compañía alemana cuenta con una enorme fábrica en Tuscaloosa, Alabama, inaugurada en 1997. De allí han salido ya más de cuatro millones de vehículos y actualmente se producen SUV grandes como los Mercedes GLE, GLE Coupé, GLS, Mercedes-Maybach GLS, EQE SUV y EQS SUV. La compañía dispone además de producción de baterías. Es decir, una legislación diseñada en parte para proteger la industria estadounidense podría terminar afectando a coches fabricados en Estados Unidos por trabajadores estadounidenses simplemente por un fallo de cálculo. Por eso es muy probable que el texto termine añadiendo algún tipo de excepción para diferenciar entre una compañía controlada realmente desde China y otra donde existen inversiones chinas consideradas pasivas -caso de Mercedes-Benz-. BYD, Chery y SAIC sí están directamente en el punto de mira La patronal estadounidense ha pedido expresamente que el Departamento de Comercio no pueda conceder autorizaciones especiales a fabricantes como BYD, Chery o SAIC Motor para fabricar, vender o importar vehículos conectados en Estados Unidos. Washington pretende impedir que fabricantes chinos puedan entrar, ni siquiera aunque fabriquen vehículos dentro del propio país El objetivo sería consolidar las restricciones que ya han ido cerrando el mercado estadounidense a vehículos y tecnologías vinculadas a China. Mientras la Unión Europea ha respondido a la expansión de los eléctricos chinos mediante aranceles compensatorios (solo a los eléctricos), Estados Unidos está construyendo algo así como una barrera de entrada permanente. Estados Unidos no está intentando únicamente proteger a Ford, General Motors o Tesla mediante aranceles, sino levantar un muro regulatorio para impedir que la industria china del automóvil pueda establecerse en el país. El problema es que la muralla sea tan alta que ni siquiera un apuesto alemán pueda saltarla.
