En un giro sin precedentes desde 1945, el Gobierno de Alemania aprobó una reforma para ampliar las capacidades de sus servicios de inteligencia, incluidas operaciones cibernéticas ofensivas y acciones de sabotaje en el extranjero. Ante la amenaza de la guerra híbrida rusa y la necesidad de reducir su dependencia de Washington, Berlín busca reforzar el poder operativo de sus agencias con herramientas como la inteligencia artificial y el reconocimiento facial. Una transformación que reabre el debate sobre hasta dónde puede llegar el Estado en nombre de la seguridad nacional sin poner en riesgo los derechos y libertades civiles. Lo analizamos en Ventana a Europa junto al investigador Jochen Kleinschmidt de la Universidad Politécnica de Dresde, Alemania.