David Vigario Mérida
Actualizado Jueves, 14 mayo 2026 - 20:13
No parece casualidad que Miguel Padilla haya estado al frente del liderazgo del sindicalismo agrario en COAG justo en los años más convulsos de las reivindicaciones de los hombres y las mujeres del campo español. Agricultor y ganadero profesional en Lorca (1959), donde gestiona una explotación dedicada al cultivo de productos hortofrutícolas (brócoli, calabaza y cebollas) y a la producción de energía fotovoltaica, dio el salto a la secretaria general de esta organización agraria en octubre de 2021, cuando los 'tambores de guerra' de los tractores empezaban a colapsar las calles de todo el país, exigiendo dignidad y respeto para los agricultores y ganaderos más que justicia (lo de recibir un precio justo por los gatos de producción sigue siendo una quimera).
Precisamente, Miguel aportó desde el primer momento sentido común y credibilidad. En tiempos donde el marketing lo inunda todo (cada vez más también en el mundo agrario), las aportaciones de este dirigente -hijo de un trabajador en una gasolinera por las mañanas y agricultor por la tarde)- a la prensa rezumaban dos cuestiones esenciales ahora que la rapidez por el 'clics' parecen lo único importante: siempre estaba al otro lado del teléfono a cualquier hora del día y de la noche para responder la llamada del periodista y, lo que es aún más importante, te explicaba cualquier problema de forma directa, clara, de forma llana y amena. Lo hacía sin tecnicismos ni usando un lenguaje sólo para entendidos en la materia o, en sus defecto, que los hay, para parecer más políticos atados a consignas serviles al poder que auténticos defensores del campo y sus gentes.
"Padilla no interpretaba ningún personaje y todo lo que no sonara a él no podía escenificarlo. Eso, que parece menor, lo explica casi todo", argumenta su inseparable e insuperable jefe de prensa, Rubén Villanueva, que ha sido fundamental en el crecimiento comunicativo de Padilla y también en el de la organización, presente como nunca en su historia en los medios de comunicación, ávidos en los últimos tiempos de una información agraria que se puso de moda como nunca antes. Y ahí siempre han estado Miguel y Rubén, en el cénit de la comunicación corporativa agraria, facilitando contactos, entrevistas, reportajes, informes... Ayudando y entendiendo a todo aquel que se asomaba a una información muchas veces técnicas pero que había que licuarla para que cualquier lector la pudiera comprender, no sólo la gente del campo. Y en esa 'edad de oro' de la demanda de información agraria, COAG y Miguel Padilla lo han bordado porque han desprendido siempre seriedad y credibilidad.
Padilla cursó estudios de Derecho en la Universidad de Murcia, aunque siempre se ha dedicado de forma profesional a la actividad agraria. En 2012 dio el salto a la presidencia de COAG-Murcia, y a partir de ahí los ascensos llegaron solos. Primero como responsable de Organización de la Comisión Ejecutiva de COAG a nivel nacional, patrono de la Fundación "Agricultura VIVA" y miembro del Comité Económico y Social de la Región de Murcia, presidente de la cooperativa SUAGRILORCA y vocal de la Comunidad de Regantes de Lorca.
Pero por encima de los cargos (que nunca parecieron subírseles a la cabeza), y por encima de todas las cruzadas, y miren que han sido muchas, emprendidas por el campo español, Miguel Padilla siempre tuvo una en la diana por encima de cualquier otra: el rechazo a la competencia desleal que ejercen las importaciones agrarias procedentes de terceros países que no respetan los mismos estándares sanitarios, medioambientales y laborales exigidos a los productores europeos. Por eso ha combatido los acuerdos con Mercosur los tratados con Marruecos, denunciando con nombres y apellidos la competencia desleal de éste y otros países. Su posición ha sido siempre que la reciprocidad en las condiciones de producción no es un capricho proteccionista sino una cuestión elemental de justicia y coherencia. La misma reglamentación para todos, para los de dentro y para los de fuera.
De forma paralela, ha levantado la voz para denunciar el acaparamiento de las mejores tierras agrícolas y los derechos de agua de fondos de inversión especulativos, que acceden a los recursos productivos del campo no para producir alimentos, sino para rentabilizar activos financieros. Una tendencia que, de no frenarse, ha alertado, pone en riesgo el modelo de agricultura familiar y profesional que COAG defiende desde su fundación, y que vacía de futuro a comarcas enteras del medio rural español.
Al conocerse este jueves la noticia de su decisión de dar un paso al lado al frente del liderazgo de COAG, el campo español pierde un claro referente que también mostró su integridad en las negociaciones con la administración. Sujeto a presiones por todos lados, nunca se plegó a intereses políticos y miró por un único interés, el de los hombres y las mujeres del campo, que hoy se sienten un poco más huérfanos sin él, aunque el sureste agrario español gana un agricultor en Lorca, una zona donde se forjan las personas con carácter. No es casualidad que allí se hayan forjado en la auténtica supervivencia después de padecer terremotos, sequías, tormentas, granizos y pérdidas de cosechas irreparables. Cómo para no explicarlo luego perfectamente...
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