Editorial Expansión

Actualizado 14 MAY. 2026 - 11:51

Los organismos multilaterales instan a desincentivar el consumo y promover políticas de ahorro.

Uno de los efectos colaterales de las disrupciones en el suministro global de productos causado por la paralización del tráfico marítimo a través del estrecho de Ormuz es el acopio de bienes clave para prevenir posibles episodios de escasez en caso de que la crisis geopolítica se siga prolongando en el tiempo. No solamente de petróleo y gas natural, las dos materias primas más afectadas por la guerra contra Irán, sino también de fertilizantes, material sanitario, papel o derivados del plástico.

El movimiento está siendo más acusado en los países asiáticos por ser los que más dependen de los envíos desde Oriente Próximo, hasta el punto de que varios gobiernos, como el de Corea del Sur, han impuesto límites temporales a las compras particulares y de empresas para frenar el acaparamiento. Pero esta tendencia comienza a observarse ya en Europa debido a las crecientes preocupaciones sobre la falta de queroseno para los meses de verano y el descenso de las reservas estratégicas que se han ido liberando para suplir la pérdida de suministros.

Estas compras impulsivas conllevan el riesgo de avivar las tensiones inflacionistas que monitorizan los bancos centrales con vistas a endurecer su política monetaria en junio. Y pueden encarecer también las operaciones que realicen los distintos gobiernos en los próximos meses para restaurar los niveles de almacenamiento de materias primas esenciales. Por eso algunos organismos como la OCDE instan a los dirigentes políticos a reformular sus medidas de ayuda a familias o negocios frente al encarecimiento súbito de la energía y otros insumos para eliminar los controles de precios y los subsidios generalizados, de forma que sean las propias tarifas más elevadas como resultado de la guerra contra Irán las que desincentiven el acaparamiento innecesario y eviten decisiones impopulares como es el racionamiento de determinados bienes de consumo.

De igual modo, llamamientos como el de la Agencia Internacional de la Energía a promover medidas de ahorro también deberían ser atendidos en Europa. A la organización que fiscaliza las economías más industrializadas también le preocupa que prolongar esos generosos programas públicos durante todo el tiempo que dure la tensión bélica en Oriente Próximo genere una crisis fiscal debido al limitado margen presupuestario con el que cuentan algunos gobiernos en un contexto de pasivos públicos aún muy elevados, sobre todo en Occidente.

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