Actualizado Jueves, 14 mayo 2026 - 21:36

La sustitución de la rechazada corrida de El Parralejo, una ganadería de signo encastado, por la de El Vellosino, un hierro de blanda huella, puso todo a modo para que esta sea la crónica de un petardo anunciado que pudo ser peor. Aquella mortecina manejabilidad, esa cosa amorfa vacía de bravura y poder, sembró Las Ventas de un aburrimiento infinito. Daniel Luque puso la red con su magistral sitio para que la caída no fuese a plomo. Imposible hacer más con menos. Anduvo perfecto. Los resultados de su paso por San Isidro debieron ser otros. O al menos con otro reconocimiento. Injusto trato el suyo.

Las protestas tardaron nada en aflorar en cuanto asomó el primero de la tarde por el ruedo. La seriedad por delante, el tren delantero, más escurrido de atrás, no parecía dar motivos. Pero el cambio de la corrida de El Parralejo por El Vellosino, no por cualquiera otra ganadería, sino por ésta, habitualmente quebradiza, por no decir podrida, predispuso los ánimos. Concedería razones el toro a las protestas con sus paupérrimas fuerzas. Ni medido en el caballo. Aunaba la flaqueza del poder con un celo cierto, por lo que llegó a la muleta muy incómodo, perdiendo las manos a la vez que se venía. De esta guisa, casi coge en el inicio de faena a Sebastián Castella, lo que hubiera constituido un atropello ridículo. Acertó abreviando con el minusválido.

El porte del toro de Daniel Luque, veleto, un tío, también sin barriga, de haber sido movido, en el límite de la fortaleza, traía unas calidades mayores. Tuvo la suerte el toro de Vellosino de topar con Daniel Luque, que reguló las alturas desde el prólogo sin molestar, precisó el temple exacto y fue bajando su izquierda, la mano del toro. Esas tres series de magníficos naturales construyeron el núcleo de la faena, entre los espectadores protestones que ya no se sabía qué protestaban exactamente. Luque moldeaba la arcilla a pulso. El hilo conductor de su buen hacer se cortó cuando tras un cambiado por la espalda, la fina obra perdió, por instantes, la precisión y la limpieza por el pitón derecho. Fue mérito de Daniel Luque darle la vuelta al ambiente hostil y volver a remontar hasta el espadazo cabal. La ovación así se lo reconoció.

Era el tercero el único cuatreño de la corrida y, en verdad, desentonaba no tanto por la edad como por su contado trapío. Su fondo fue también escaso. David de Miranda lo saludó con unas verónicas muy notables. Pero el toro tendió, desde el caballo, a perder el objeto, el interés y, por tanto, la humillación. Miranda brindó al público con ilusión de iluso, arrancó por estatuarios y quiso llevarlo más largo de lo que el soseras del toro quería con sus medios viajes. Hicieron tablas en la nada.

El bodrio adquirió tintes faraónicos con un cuarto grandón, bondadoso sin empleo ni empuje. A su manejabilidad Sebastián Castella le aplicó voluntad a espuertas en una faena sine die.

Del quinto toro circulaban fotos por las redes reseñado para Silla (Valencia) por la Penya Xiquet de la Farola para las calles.

Del quinto toro circulaban fotos por las redes reseñado para Silla (Valencia) por la Penya Xiquet de la Farola para las calles. Según apareció aquel aparato por la puerta de toriles, se entendía todo, ese braceo equino... Español III se llamaba el toro de El Vellosino marcado por la Penya Xiquet de la Farola que cambió su destino de la tauromaquia popular por Madrid. Daniel Luque trató de aplicarle la tauromaquia clásica a un toro para las calles que lo hacía todo con las manos. Luque anduvo muy por encima de las circunstancias, tan cabal con aquel caballo, un mulo andando. Cómo sería el bicho que, en los pases de pecho, apenas cabía. Y en una de estas tiró al torero. Que no pudo hacer más con menos. Mejor imposible. Su sitio es tremendo; bárbaro y extenso trabajo. Un espadazo le puso en situación de cortar una oreja. Hubo petición. Debió pasear la vuelta al ruedo, pero no se la dejaron dar. Su feria, que hoy terminaba, no ha podido ser más sabia, tanto como incomprendida e improductiva.

El sexto no valió absolutamente para nada y David de Miranda abrevió gracias a Dios.

MONUMENTAL DE LAS VENTAS. Jueves, 14 de mayo de 2026. Sexta de feria. No hay billetes. Toros de El Vellosino, todos cinqueños menos el 3º; serios, pero sin poder, desfondados de bravura, de mortecina manejabilidad.

SEBASTIÁN CASTELLA, DE GRANA Y ORO. Media estocada (silencio); pinchazo, estocada y descabello. Dos avisos (silencio).

DANIEL LUQUE, DE MALVA Y PLATA. Estocada. Aviso (saludos); estocada. Aviso (petición y saludos).

DAVID DE MIRANDA, DE TABACO Y ORO. Estocada desprendida (silencio); bajonazo (silencio)

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