Motorstormtrooper.

Star Wars: Galactic Racer recupera un estilo de carreras arcade casi desaparecido, aportando un giro roguelite y apoyándose en las partes más extravagantes de la licencia.

Entre 2020 y 2022 se multiplicaron las oportunidades para obtener financiación y abrir un nuevo estudio, una oportunidad que tomaron aprovechó tanta gente en la industria que hemos llegado a acuñar el término “estudio de veteranos”. Conforme esta financiación fue desapareciendo y muchos de estos estudios desaparecieron sin llegar a firmar su debut, terminó recibiendo una connotación negativa, pese a que la idea era buena: escapar de las garras de una megacorporación para poder desarrollar los juegos que los creativos querían. Sobre todo, porque cuando estos estudios sí llegan a buen término demuestran que hay géneros desaparecidos no por falta de talento, sino por culpa de editoras desinteresadas. En 2022, cinco veteranos de Criterion (Burnout, Need for Speed, Star Wars Battlefront) abandonaron Electonic Arts para fundar Fuse Games; su primer juego es un fantástico título de conducción arcade con raíces en sagas que llevan décadas desaparecidas.

Star Wars: Galactic Racer se ambienta durante la Nueva República, en el periodo de relativa paz entre los episodios 6 y 7. Darius Pax aprovecha este periodo de inestabilidad para establecer las carreras ilegales de la Liga Galáctica, pero la competición pronto se ve monopolizada por Kestar Bool y la generosa cartera de su padre, que le permite tener en nómina a la mitad de competidores. Para destronar a Bool, el organizador decide hacer trampas para colar en la competición a nuestro protagonista: Shade, un mensajero conocido por su habilidad al volante. Por su parte, Shade tiene motivos para querer una revancha con Bool, cuya familia dominaba con mano de hierro su planeta de origen.

Antes de su lanzamiento, Galactic Racer ha recibido numerosas comparaciones con Burnout, debido no solo al pedigrí del estudio, sino a la enorme cantidad de takedowns que tiene cada carrera y a la manera en que la cámara sigue los choques. Sin embargo, es fácil trazar más comparaciones con otros títulos, como por ejemplo la saga Wipeout. Las velocidades extremas del juego de Star Wars obligan a usar un movimiento de derrape muy específico que recuerda en gran medida a los frenos laterales de la saga de Psygnosis, que nos obligaba a usar un botón separado del freno normal para realizar giros más secos, imprescindibles para tomar a toda velocidad las curvas cerradas.

Por otra parte tenemos un referente claro en Motorstorm: Pacific Rift y su diseño de escenarios. El juego incluye circuitos en media docena de planetas, y cada uno tiene condiciones atmosféricas únicas que afectan a cada carrera de maneras muy marcadas. Por ejemplo, en el gélido Ando Prime, tu vehículo se va congelando, reduciendo tu control sobre los giros, mientras que en Centinela 1 cada segundo que te sales de la pista corroe tu vehículo hasta el punto en el que explota. Además, hay varias trazadas distintas que ofrecen alternativas; para protegernos del calor de Jakku tendremos que pasar por el interior de naves imperiales estrelladas, pero es un camino más arriesgado y con más obstáculos que el desierto.

Al igual que en Motorstorm, en las carreras conviven diferentes tipos de vehículos: los speeders terrestres, las motos speeder y los speeders rasantes. El primero es el clásico vehículo equilibrado que no destaca en nada particular, las motos ganan más velocidad pero son más frágiles y los speeders rasantes son más difíciles de controlar, pero en buenas manos tienen el mejor paso por curva. También podemos competir en vainas de carreras como las del Episodio 1, aunque por lo general compiten separadas a los otros tres tipos de vehículos, debido a que su velocidad máxima es casi el doble que la del resto.

Galactic Racer tiene una aproximación muy interesante al turbo, y de hecho tiene dos tipos distintos. Por un lado tenemos un turbo normal y corriente, llamado poscombustión, que nos da velocidad extra durante unos segundos y se recarga cuando lo dejamos de usar. Por otro está el ramjet, una barra separada que solo se puede activar cuando está al máximo y se debe usar continuamente: en el momento en que soltamos el turbo, volvemos a tener que esperar a que se recargue. La temperatura del vehículo va subiendo a cada segundo hasta que suena una alarma; si seguimos hasta el final, el vehículo simplemente explota. Es una dinámica muy distinta a la del turbo normal, porque mantener activado de forma continua el ramjet requiere de mucha habilidad en el paso por curva. Por ejemplo, en las motos tenemos que usar con cabeza la explosión cinética y en los speeders aprovechar al máximo el derrape para realizar las curvas muy cerradas y evitar que el vehículo se vaya recto hacia su destrucción. Las condiciones climáticas también influyen: el frío nos permite mantener más tiempo activo el ramjet, mientras que el calor reduce su duración.

Ninguna de las sagas de los tres títulos que hemos mencionado más arriba ha recibido una entrega original en las dos últimas generaciones; tuvimos remasterizaciones en la generación pasada para Wipeout y Burnout, mientras que a Motorstorm tenemos que jugar en la nube. Fuse Games demuestra con Galactic Racer que las bases de estos juegos siguen siendo divertidísimas y son ideales para alimentar el diseño de juegos de carreras presentes. Sin embargo, no se contenta con repetir tal cual los elementos de sus antecesores, y se guarda una sorpresa en su estructura que sí es más contemporánea.

El modo Campaña del juego, el auténtico centro de la experiencia, es básicamente un roguelite de carreras. Como si de Slay the Spire se tratase, tenemos que elegir entre varios caminos salteados de pruebas: además de Carreras normales y corrientes, en Eliminador tenemos que mantenernos en el Top 3 para sobrevivir, tenemos Pruebas de Campo en las que se nos exigen objetivos más dispares e incluso eventos narrativos en los que tomamos pequeñas decisiones, como picarnos con un piloto específico, hacer trampas junto a otros corredores para beneficiarnos mutuamente o directamente sabotear a un rival y robarle piezas. Tras cada prueba, en función de nuestro rendimiento, tendremos que elegir entre pequeñas mejoras de estadísticas, habilidades nuevas para la nave o una serie de piezas que nos dan ventajas.

La historia se divide en tres actos de dificultad creciente, en los que atravesamos cada vez más planetas para llegar a Derven Arcos, una arena artificial creada exclusivamente para la competición. En el Acto final el juego se pasa un pelín con la cantidad de pruebas; las runs pasan de unos tres cuartos de hora en el Acto 1 a casi el doble en el Acto 3, un poco excesivo para la intensidad y concentración que exige en todo momento.

Para poder participar en cada recorrido necesitamos Fichas de Carrera, que podemos perder durante la run, por ejemplo estampándonos contra los bordes de la pista repetidas veces en una sola carrera o quedándonos fuera del Top 3 en un Eliminador. Inicialmente solo tenemos una por recorrido, que recibiremos de un patrocinador que exigirá resultados, aunque se pueden obtener más por diferentes medios. Perder todas las Fichas acaba con la run, pero no es el fin del modo Campaña; podemos volver a intentarlo todas las veces que queramos. En cualquier caso, sirve para darle bastante emoción a las carreras individuales; en las dificultades más altas hay que tomar riesgos para ganar, pero cuando nos queda solo una vida, el resto de pilotos olerá la sangre y no dudará en embestirnos para sacarnos de la competición.

Al finalizar la run, ya sea con victoria o derrota, entra la parte roguelite, donde podemos usar nuestro avance para sumar mejoras permanentes en el vehículo y desbloquear estilos de juego. Para no poder priorizar los números sobre la conducción, hay un límite de nivel a la hora de subir las estadísticas de cada tipo de vehículo. Es más importante aprovechar un estilo de juego acorde a nuestra conducción: podemos recibir beneficios por derribar enemigos, por usar el ramjet, por provocarnos estados alterados o por conducir de forma limpia, entre otros.

Como decíamos antes, las vainas de carreras no deberían poder competir con el resto de vehículos, así que la solución que el juego encuentra para introducirlas en la campaña es traer a Sebulba como vieja gloria para contarnos sus batallitas de cuando empezó a competir. Si seguimos su historia podemos desbloquear toda clase de artefactos para hacer trampas en carrera, como lanzallamas o minas, pero lo mejor son sus hilarantes introducciones. Sebulba se queja continuamente de que los pilotos de hoy en día son unos blandos y se aburre al volante porque los vehículos actuales son demasiado lentos; ya no se hacen carreras como las de antes.

Aquí viene una de las sorpresas más gratas que me ha dado este Galactic Racer: siendo un juego de carreras no necesitaba mucha historia, pero lo cierto es que el equipo le ha dado mucho mimo al guión, cargado de comedia. Es la típica trama de un piloto que va ascendiendo desde el escalón más bajo de la competición, pero es efectiva a la hora de conseguir que odiemos al nepótico Kestar Bool con toda nuestra alma. También hace un buen trabajo convirtiendo al resto de pilotos en algo más que nombres en una tabla de clasificación, desarrollando su personalidad con pequeñas conversaciones en los cambios de planeta y también con la manera en que nos insultan cuando los adelantamos o en que se burlan cuando nos estrellamos.

A la hora de escoger sus personajes, Galactic Racer se centra en mostrar el tipo de especies que aparecen de fondo en las películas y tienen una entrada en una Wiki con un solo ejemplo. Hay humanos, incluso algunos de ellos conocidos, como Griff Halloran de Star Wars Resistance, pero la parrilla está copada por personajes tan variopintos como el piloto crocino Biddy Blas, la kallidahin Goli, que habla a través de un droide con aspecto arácnido o los danzikanos Ori y Per, que nos permiten reparar las piezas estropeadas de nuestro vehículo.

Aunque la estrella del juego es claramente el modo historia, hay un par de opciones más para alargar su vida, incluyendo un modo Arcade -con multitud de pruebas diferentes que nos exigen máxima habilidad al volante- y el modo Ubicaciones, donde tenemos que jugar con la nave y el estilo de pilotaje de nuestros rivales habituales de la Campaña. No hemos tenido ocasión de probar el multijugador; por lo que hemos podido comprobar en los menús, contará con cuatro modos, que principalmente se dividirán entre carreras únicas y recorridos de varias pruebas que introducen las mejoras del modo Campaña.

Star Wars: Galactic Racer explora los márgenes de la licencia para encontrar un hueco perfecto en el que destacar. Aprovecha un género casi desaparecido del mainstream, le da un giro roguelite para acercarlo a la actualidad, y lo puebla con una colección de criaturas extravagantes con pocas apariciones en la saga para construir un título cargado de personalidad que profesa una gran devoción por la parte más inusual de Star Wars. El resultado es un divertidísimo juego de carreras que parece sacado de otra época en el mejor sentido posible, recuperando la emoción de alcanzar velocidades absurdas y derribar a nuestros adversarios.

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