Parece un todoterreno, pero el coche más barato de Mazda tiene tamaño de FIAT Panda y es una copia del "Suzuki Jimny de Hacendado"
Quién sabe si en algún punto llegarán a converger, pero los kei car japonoses tienen mucho en común, al menos conceptualmente, con el segmento de coches económicos y baratos (aunque también eléctricos) que Europa quiere implantar en nuestro mercado, lo que hace, cada vez que veo uno, que me pregunte si llegaremos a verlos en algún momento rodar por nuestras carreteras. Y es que, lo que plantean encaja cada vez más con la situación que se da en Europa: ciudades congestionadas y un público cuyo grueso tiene cada vez menos capacidad adquisitiva, lo que hace que su tamaño compacto y bajo precio, se adapte de manera perfecta, y el Mazda Flair Crossover, que se acaba de renovar para 2026, es el ejemplo perfecto de ello. Lo que estamos viendo, en realidad, no es más que la versión de Mazda del Suzuki Hustler que pasó semanas atrás por nuestra portada, al que el propio Martín Jemes, compañero de redacción, apodó como el "Suzuki Jimny de Hacendado" por su parecido con el mítico 4x4 y el hecho de tener una estética con cierto aire retro. En realidad, no se trata de ningunna copia, sino que al igual que sucede en Europa, en Japón los distintos fabricantes se alían cuando han de cubrir segmetos que requieren de inversiones específicas para el desarrollo de los modelos destinados a estas categorías. Por su tamaño, marcado por una longitud que no llega a los 3,4 metros, podríamos decir que lo más parecido que tenemos en Europa a día de hoy, por filosofía, es el Fiat Panda, aunque el italiano es incluso más grande que el Flair Crossover. Es más, con unas dimensiones de sólo 3.395 mm de largo, 1.475 mm de ancho, 1.680 mm de alto y una batalla de 2.460 mm, el Mazda Flair Crossover es incluso unos 52 centímetros más corto que un Mazda MX-5. Pese a que los cambios estéticos son discretos, Mazda ha aprovechado esta actualización para modernizar la imagen del Flair Crossover. Hay versiones que reciben una parrilla de mayor tamaño, un paragolpes delantero rediseñado y un logotipo de Mazda más grande, mientras que mantienen los característicos faros redondos que tanto recuerdan al Suzuki Jimny. Los acabados ZS y ZT, por su parte, conservan un aspecto más campero, con paragolpes sin pintar e inserciones de aspecto aluminio inspiradas en el Suzuki Hustler Tough Wild. Por dentro apenas hay cambios de diseño, aunque sí aparecen novedades prácticas. Ahora incorpora freno de estacionamiento eléctrico con función Auto Hold, nuevos puertos USB-C y retrovisores exteriores plegables eléctricamente con intermitentes LED de serie. Además, todas las versiones salvo la básica pueden equipar una pantalla multimedia de 9 pulgadas con navegador integrado. Donde sí hay un salto importante es en materia de seguridad. El pequeño Mazda estrena el sistema Suzuki Dual Sensor Brake Support II, que combina una cámara monocular con un radar de ondas milimétricas para mejorar la detección de peatones, motocicletas y situaciones de riesgo en cruces e intersecciones. A ello suma de serie frenada automática a baja velocidad, sensores de aparcamiento delanteros, asistente de mantenimiento de carril, monitor de ángulo muerto y control de crucero adaptativo con función Stop & Hold para circular entre atascos. En el apartado mecánico no hay novedades. Continúa recurriendo a los habituales motores tricilíndricos de 660 centímetros cúbicos propios de los kei car japoneses, siempre asociados a un sistema microhíbrido, un cambio automático CVT y la posibilidad de elegir entre tracción delantera o total. La versión atmosférica desarrolla 48 CV, mientras que la turbo alcanza 64 CV, precisamente el límite de potencia permitido por la normativa japonesa para esta categoría de vehículos. Con todo lo anterior, para acabar, la gama arranca en 1.610.400 yenes, lo que equivale aproximadamente a **8.500 euros**, mientras que la versión más completa, el ZT Turbo con tracción total, alcanza los 2.275.900 yenes, unos **12.000 euros** al cambio.
Quién sabe si en algún punto llegarán a converger, pero los kei car japonoses tienen mucho en común, al menos conceptualmente, con el segmento de coches económicos y baratos (aunque también eléctricos) que Europa quiere implantar en nuestro mercado, lo que hace, cada vez que veo uno, que me pregunte si llegaremos a verlos en algún momento rodar por nuestras carreteras. Y es que, lo que plantean encaja cada vez más con la situación que se da en Europa: ciudades congestionadas y un público cuyo grueso tiene cada vez menos capacidad adquisitiva, lo que hace que su tamaño compacto y bajo precio, se adapte de manera perfecta, y el Mazda Flair Crossover, que se acaba de renovar para 2026, es el ejemplo perfecto de ello. Lo que estamos viendo, en realidad, no es más que la versión de Mazda del Suzuki Hustler que pasó semanas atrás por nuestra portada, al que el propio Martín Jemes, compañero de redacción, apodó como el "Suzuki Jimny de Hacendado" por su parecido con el mítico 4x4 y el hecho de tener una estética con cierto aire retro. En realidad, no se trata de ningunna copia, sino que al igual que sucede en Europa, en Japón los distintos fabricantes se alían cuando han de cubrir segmetos que requieren de inversiones específicas para el desarrollo de los modelos destinados a estas categorías. Por su tamaño, marcado por una longitud que no llega a los 3,4 metros, podríamos decir que lo más parecido que tenemos en Europa a día de hoy, por filosofía, es el Fiat Panda, aunque el italiano es incluso más grande que el Flair Crossover. Es más, con unas dimensiones de sólo 3.395 mm de largo, 1.475 mm de ancho, 1.680 mm de alto y una batalla de 2.460 mm, el Mazda Flair Crossover es incluso unos 52 centímetros más corto que un Mazda MX-5. Pese a que los cambios estéticos son discretos, Mazda ha aprovechado esta actualización para modernizar la imagen del Flair Crossover. Hay versiones que reciben una parrilla de mayor tamaño, un paragolpes delantero rediseñado y un logotipo de Mazda más grande, mientras que mantienen los característicos faros redondos que tanto recuerdan al Suzuki Jimny. Los acabados ZS y ZT, por su parte, conservan un aspecto más campero, con paragolpes sin pintar e inserciones de aspecto aluminio inspiradas en el Suzuki Hustler Tough Wild. Por dentro apenas hay cambios de diseño, aunque sí aparecen novedades prácticas. Ahora incorpora freno de estacionamiento eléctrico con función Auto Hold, nuevos puertos USB-C y retrovisores exteriores plegables eléctricamente con intermitentes LED de serie. Además, todas las versiones salvo la básica pueden equipar una pantalla multimedia de 9 pulgadas con navegador integrado. Donde sí hay un salto importante es en materia de seguridad. El pequeño Mazda estrena el sistema Suzuki Dual Sensor Brake Support II, que combina una cámara monocular con un radar de ondas milimétricas para mejorar la detección de peatones, motocicletas y situaciones de riesgo en cruces e intersecciones. A ello suma de serie frenada automática a baja velocidad, sensores de aparcamiento delanteros, asistente de mantenimiento de carril, monitor de ángulo muerto y control de crucero adaptativo con función Stop & Hold para circular entre atascos. En el apartado mecánico no hay novedades. Continúa recurriendo a los habituales motores tricilíndricos de 660 centímetros cúbicos propios de los kei car japoneses, siempre asociados a un sistema microhíbrido, un cambio automático CVT y la posibilidad de elegir entre tracción delantera o total. La versión atmosférica desarrolla 48 CV, mientras que la turbo alcanza 64 CV, precisamente el límite de potencia permitido por la normativa japonesa para esta categoría de vehículos. Con todo lo anterior, para acabar, la gama arranca en 1.610.400 yenes, lo que equivale aproximadamente a **8.500 euros**, mientras que la versión más completa, el ZT Turbo con tracción total, alcanza los 2.275.900 yenes, unos **12.000 euros** al cambio.
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