Ford ha elevado su objetivo de fiabilidad hasta los 15 años o 225.000 millas, unos 362.000 kilómetros, y para conseguirlo pretende apoyarse en la inteligencia artificial para detectar defectos antes de que lleguen al cliente. Suena a salto tecnológico, pero tengo un pequeño problema con el relato: la propia Ford fabricaba motores capaces de superar esas cifras mucho antes de que la IA llegara a nuestras vidas. No hace falta poner como ejemplo un Ford Model A centenario que sigue en marcha. Basta con recordar motores relativamente modernos como el 5.0 Coyote V8 o el prácticamente indestructible 4.6 Modular V8 de los Crown Victoria. Ninguno necesitó inteligencia artificial para ganarse su reputación. Los 362.000 kilómetros no son una garantía, sino un objetivo de laboratorio Conviene comenzar por la letra pequeña. Ford no ha anunciado una garantía de 15 años o 362.000 kilómetros. Charles Poon, vicepresidente de ingeniería de hardware de vehículos de la compañía, ha explicado que ese es el nuevo objetivo mínimo de diseño para sus sistemas de propulsión. Ford pretende que todos sus principales motores y transmisiones alcancen eventualmente ese objetivo, lo cual no quiere decir que Ford esté asegurando esa vida útil ni que el fabricante vaya a hacerse cargo de cualquier avería durante esos 15 años. No hablamos de una garantía. Hasta ahora, el objetivo interno era de 10 años o 150.000 millas, unos 241.000 kilómetros. Por tanto, Ford está incrementando en un 50% tanto el horizonte temporal como el kilometraje utilizado para validar sus sistemas de propulsión. Para conseguirlo, la compañía somete motores extraídos de la propia línea de montaje a ciclos de temperatura extrema, arranques y paradas continuos y largos periodos funcionando con el acelerador completamente a fondo. Después los desmonta para buscar señales de desgaste. También se analiza el aceite como si fuera la escena de un crimen. La presencia de determinadas partículas metálicas o compuestos químicos puede revelar que un cojinete, un engranaje o una válvula están deteriorándose antes de tiempo, aunque el motor todavía funcione perfectamente. La IA aporta velocidad para encontrar una anomalía escondida entre cientos de miles de datos La inteligencia artificial procesa después cientos de curvas de funcionamiento y las compara con miles de ensayos anteriores. Su trabajo consiste en definir qué es normal y qué no lo es, y señalar cualquier pequeña desviación que un humano podría pasar por alto. La receta más eficaz de Ford nació en España La nueva estrategia de calidad de Ford tiene una conexión española. El fabricante está desmontando un motor cada día en sus fábricas para buscar problemas antes de que lleguen al cliente, pero esa práctica no fue inventada en Estados Unidos ni en Canadá. Ford la encontró en Almussafes. La compañía analizó las plantas de motores con mejores indicadores de calidad dentro de su red. La fábrica valenciana destacó porque llevaba años seleccionando diariamente una unidad de la línea de producción, sometiéndola a diferentes pruebas y desmontándola pieza por pieza -mucho antes de utilizar la IA-. Operarios trabajan en un Kuga en Almussafes (Valencia). Hasta hace poco, en otras plantas de Ford se desmontaba un motor cada tres meses o únicamente cuando existían sospechas de un problema concreto. Desde 2025, el procedimiento utilizado en Almussafes se está replicando en las fábricas de motores de la compañía en todo el mundo. La buena práctica que está transformando el control de calidad de Ford nació del trabajo sistemático realizado durante años en su fábrica española La inteligencia artificial añade ahora una capa más. En lugar de seleccionar siempre el motor al azar, los algoritmos monitorizan miles de parámetros de fabricación y buscan comportamientos estadísticamente extraños. Un motor puede haber superado todos los controles convencionales y encontrarse dentro de las tolerancias previstas, pero seguir siendo señalado como sospechoso. El Coyote es un gran motor diseñado antes de la IA El motor 5.0 Coyote V8 es probablemente el mejor ejemplo moderno de que Ford no necesitaba inteligencia artificial para hacer un motor potente y muy fiable. Ford diseñó el Coyote específicamente para el Mustang, pero ha ido evolucionando durante cuatro generaciones y ha acabado moviendo tanto al Mustang como a las F-150. Su desarrollo comenzó antes de 2010 y llegó al mercado con el Mustang GT de 2011. No es el típico motor americano a la vieja usanza, cero apretado y simple a más no poder. Tiene complicaciones modernas como distribución variable con doble árbol de levas en admisión y escape e inyección directa. Ha ido evolucionando con mayores relaciones de compresión, nuevos sistemas de admisión y alcanza los 500 CV en el Mustang Dark Horse norteamericano (el europeo, al que hace poco le eché el guante, se queda en 454 CV). Cien caballos por litro en un motor atmosférico no es precisamente poco. Motor Coyote, un V8 atmosférico de 5.0 litros. No es un motor infalible, porque ninguno lo es, pero es durísimo. Su capacidad para soportar preparaciones y kilometrajes astronómicos no nació al calor de la IA, sino de un proceso tradicional perfeccionado durante años. Romper, analizar, rediseñar y volver a probar. Ford necesita urgentemente recuperar su reputación de fiabilidad Todavía más significativo es el caso del Ford 4.6 Modular V8. Apareció en 1991 con el Lincoln Town Car y posteriormente llegó a los Crown Victoria, Mercury Grand Marquis, Mustang, Serie F, Expedition y a las furgonetas Serie E, entre otros modelos. Estuvo en producción más de dos décadas, hasta 2014, y hubo versiones con dos, tres y cuatro válvulas por cilindro, bloques de hierro o aluminio y configuraciones atmosféricas y sobrealimentadas. Pero, amigo, no todos han salido igual de buenos. Ford tiene motivos para endurecer sus procesos. La marca del óvalo azul cerró 2025 con 12,9 millones de vehículos afectados por 153 campañas de llamada a revisión en Estados Unidos. Stellantis, la siguiente compañía por número de llamadas a revisión, registró alrededor de 2,7 millones. El récord de 2025 no se debe únicamente a fallos mecánicos: también hubo campañas masivas relacionadas con software, cámaras, bombas de combustible y otros componentes. Pero Ford arrastra varios problemas graves de motor. El más importante afectó al 1.5 EcoBoost de tres cilindros: 694.271 Bronco Sport y Escape fueron llamados a revisión porque sus inyectores podían agrietarse, derramar combustible sobre componentes calientes y provocar un incendio. Los V6 2.7 y 3.0 EcoBoost también sufrieron de válvulas de admisión defectuosas que podían fracturarse, ocasionando funcionamiento irregular, pérdida repentina de potencia y, en algunos casos, la sustitución completa del motor. A ellos se suma el 2.5 híbrido de Escape, Maverick y Lincoln Corsair, en el que determinados defectos de fabricación podían provocar el fallo de los cojinetes de biela, perforar el bloque y liberar aceite o vapores de combustible sobre el escape. Son precisamente estos fallos prematuros los que hacen que Ford se haya propuesto un nuevo objetivo de durabilidad para demostrar que sus motores vuelven a ser fiables.